Mirar tras la reja. La calle al otro lado. Mujeres que miran desde sus habitaciones al final de sus días. El último capítulo. Llueve, llueve, amenaza lluvia. Las paredes blancas se van poniendo verdes. Miran, rezan, piensan, recuerdan. Mujeres en los balcones y tras las rejas. Miradas femeninas que siempre esperan, entre la nostalgia de lo que no pudieron ver y la tristeza de los días que se escurren. Mujeres mayores que tienen las bocas llenas de palabras por decir. Ellas miran tras los hierros. "La sed de infinitud luchando contra los barrotes de la jaula" escribió Carmen Martín Gaite. Mujeres solas que se acompañan tras los visillos y que se peinan juntas frente al espejo en el que se ven cada día más viejas. Quizás desamparadas. La Virgen los Ángeles no sale y ellas cierran los postigos. El ruido sigue afuera. Ellas tal vez recen una oración desordenada contra los ángeles que las siguen teniendo entre rejas.
De aquel día
frío de noviembre recuerdo sobre todo las hojas amarillentas del gran árbol que
daba justo a la ventana en la que por primera vez vi el sol reflejándose en
tus ojos muy abiertos.Siempre que paseo
por allí miro hacia arriba y siento que justo en ese lugar, con esos colores de
otoño, empezamos a escribir el guión que tú y yo seguimos empeñados en ver
convertido en una gran película. Nunca nadie me advirtió de la dificultad de la
aventura, ni por supuesto nadie me regaló un manual de instrucciones. Tuve que
ir equivocándome una y otra vez, desde el primer biberón a la pequeña regañina
por los deberes mal hechos, desde mi torpeza al peinar tu flequillo a mis dudas
cuando no me reconozco como padre autoritario. Desde aquel 27 de noviembre, que
siento tan cerca como el olor que desde aquel día impregnó toda nuestra casa,
no he dejado de aprender, de escribir borradores y de romperlos luego en mil
pedazos, de empezar de cero cada vez que la vida nos ponía frente a un nuevo
desa…
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