El próximo 7 de noviembre, por vez primera en nuestro país,
las calles de Madrid serán ocupadas por, esperemos, miles y miles de voces que reclamarán que
la violencia de género se convierta al fin en un asunto de Estado. Gracias al
tesón y el impulso solidario de los colectivos feministas durante meses se ha
ido fraguando un movimiento que pretende reflejar no solo el dolor que provoca
el terrorismo machista sino también, y sobre todo, la indignación que causa su
progresiva devaluación en una agenda pública que cada vez se hace más cómplice
de la alianza entre neoliberalismo y patriarcado. Corren malos tiempos para la
democracia y corremos el riesgo de que las conquistas que las mujeres lograron
siglos en alcanzar se diluyan bajo una apariencia formal de igualdad. Los datos
objetivos demuestran que, pese a los logros jurídicos que en países como el
nuestro llegaron a alcanzarse en la pasada década, el patriarca sigue vivo y
que, en su versión más extrema, continúa disponiendo de los c…
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez