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Mostrando entradas de julio, 2018

ALESSIO ARENA o de cómo en Cádiz descubrimos la maceta perdida de Genet

“Uno nunca sabe cuál es el sitio donde va a florecer”. 
Hernán Rivera Letelier, Canción para caminar sobre las aguas 
Hace ya muchos años que descubrí que en Cádiz habitaba esa parte de mí que siempre está jugando con lo imposible. Quizás no haya otro lugar del mundo en el que sienta sin ningún tipo de aspereza que la vida es eterno movimiento. El que reside en lo más pequeño, en los pliegues más tiernos de los días, el que nos hace parte minúscula de un océano que nos reconcilia con la fragilidad. Cádiz ha sido y es en mi biografía uno de esos espacios en los que he terminado aceptando que soy una mezcla intrépida, un tránsito que bulle, el gerundio que durante mucho tiempo me resistí a aceptar. Por ello, cada vez que vuelvo a esta ciudad, mis células se convierten en esos pececillos que acarician y liman los talones. Entonces, sin miedo alguno, me vuelvo transparente, como si un verso loco de Jean Genet se hubiera escapado de una maceta y me hubiera convertido en hijo de su disidenci…

TULLY: La madre presente

Las madres son las grandes ausentes de los relatos. Me refiero a las madres en cuanto sujetas autónomas, completas y complejas, más allá de la versión instrumental que de ellas presenta la cultura. Es decir, las madres como individuas no resignadas al “hágase en mí según tu voluntad”. Tal y como lo explica con todo detalle la escritora Laura Freixas, la maternidad, en cuento hecho que no es solo biológico, sino que incluso podríamos calificar de político, está ausente de los relatos colectivos. Nada de extrañar, pues, que tampoco lo esté con la centralidad debida en las agendas políticas. Justamente por ello es tan de agradecer una película como Tully, el último largometraje de Jason Reitman, el director que hace unos años, de la mano de su guionista de cabecera, Diablo Cody, nos sorprendió con otra historia de una madre adolescente: Juno.
Con un aparente tono de comedia, que en algunos instantes parece volverse trágica, la historia se centra en esa parte habitualmente oculta de la …

DREXLER, UNA JUNGLA DE JAZMINES

Hace años, muchos años ya, que descubrí a Jorge Drexler gracias a esa hada madrina que es Ana Belén. Solo ella es capaz de hacer suya una rareza como "Era de amar", tan pequeña pero tan luminosa.  El mar, amar, siempre amar.
"Era de fumar y reír

Era de saber esperar
Era de salir a buscar No era una mirada cualquiera Era de amar"

Gracias a esta canción, que aparecía en un CD en el que la madrileña nos invitaba a que la mirásemos, o sea, a que la amásemos, yo también empecé a amar al uruguayo. Desde entonces no he dejado de darle las gracias a Sabia - o sea, a Martínez - por haberle convencido de que dejara la medicina y se viniera a España a probar suerte con la música. Cuidar, cantar, sanar.
Después de que hace dos años nos dejara a todas y a todos entregados en aquel concierto tan íntimo que nos regaló en Cosmopoética, anoche Drexler se expandió bajo el cielo, se creció ante el desafío de verse en un espacio abierto y con cientos de personas entregadas,  y nos volvió a …

DON GREGORIO: EL CURA YE-YE

Justo a la hora en que escribo estas palabras se está celebrando en mi pueblo el funeral de uno de esos hombres que forma parte de mi memoria. De ese espejo a lo "Cinema Paradiso" en el que me miro para entender quién soy.
Más allá de su estrecha relación con mi familia, nunca podré olvidar que fue siempre, al menos para mí, un hombre que me ayudó a pensar, a cuestionar, a debatir, aún cuando eso me llevara justamente al lado opuesto de donde él estaba. Lo tuve de profesor en el Instituto, en aquellos años en los que cursar religión católica era obligatorio (tampoco hemos cambiado tanto) y sus clases fueron para mí un aprendizaje sobre lo que luego me di cuenta que era la actitud intelectual por excelencia, o sea, la duda. Puede parecer hasta paradójico que fuera un sacerdote católico, en un pueblo tan barroco y armarizado (en todos los sentidos) como el mío, el que encendiera en mí el fuego de la inquietud permanente, la semilla de mi lucha contra los dogmas que él intentaba…