Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de 2020

LOS LIBROS COMO EXPERIENCIA DEMOCRÁTICA

Cuando pase un cierto tiempo, y tenga una mayor perspectiva que la que ahora siento tan condicionada por la incertidumbre del presente, debería hacer un recorrido por los libros leídos durante el estado de alarma. Creo que, sin ser en muchas casos consciente de mis elecciones, mis lecturas han sido y son reflejo de los turbulentos estados de ánimo vividos, de las muchas preguntas sin respuesta que me he planteado, de los cientos de propósitos de enmienda que me he hecho pensando en que ya nunca la realidad volverá a ser como antes. He leído libros que tenía pendientes desde hace meses, incluso años, he revisitado alguno de esos que casi siempre están en mi mesilla de noche y también me he acercado a otros que me han llegado por alguna recomendación que alguna amiga, sobre todo amigas, o algún amigo me ha hecho. Una de esas recomendaciones fue un libro al que yo no le había seguido la pista y que un amigo me recomendó con insistencia una tarde del mes de abril.El infinito en un junco,

ESPAÑA

Cuando el lunes por la mañana vi en varios medios de comunicación imágenes de la  concentración que recorrió el Vial Norte de Córdoba el pasado domingo, como un eco de las que días anteriores habíamos visto en el barrio de Salamanca en Madrid, y sumándose a otras muchas que se multiplican en ciudades y pueblos, no pude evitar una mezcla de miedo, impotencia e indignación. Una suma de emociones que se suma a las ya de por sí intensas y ambivalentes que yo, imagino que, como todo el mundo, estoy sintiendo en estos meses de paréntesis. Y no, no diré que estoy libre del miedo a la enfermedad, pero más me asusta, y me angustia, el futuro inmediato que nos espera, la crisis económica que volverá a cebarse con los más precarios y vulnerables, las fracturas sociales que provocará, el riesgo cierto de que sea un nuevo pretexto para reafirmar políticas neoliberales y revanchas de quienes se resisten a asumir que los derechos humanos son la ley del más débil. Ante ese panorama, que va más allá d…

LA MADRE ZURDA

Cuando Olimpia de Gouges escribe en 1791 su Declaración de derechos de la mujer y la ciudadana, la empieza dirigiéndose a “las madres, hijas, hermanas”, es decir, deja claro que las que la revolución había olvidado eran definidas no por sí mismas sino por su dependencia de los hombres. Aunque mucho han conquistado las mujeres desde entonces, me temo que todavía sigue presente la construcción de ese imaginario que, en el mejor de los casos, sigue generando una violencia simbólica y, en el peor, ya lo sabemos, un maltrato permanente de aquellas a las que sus compañeros varones solo desearían ver atadas a la pata de la cama. Sigue habiendo mucho de esa construcción simbólica en como todavía hoy, siglos después, seguimos entendiendo a las madres, mucho más en un momento en el que hay un peligroso rebrote esencialista y donde para algunos sectores el hecho biológico se convierte en una suerte de paradigma diferenciador que, lejos de dar lugar a mecanismos garantistas de la igualdad, trata …

MUJERES Y MAYORES: LAS AMARGAS VERDADES DE "A SECRET LOVE"

La situación crítica que estamos viviendo, y que no es solo sanitaria, sino que hunde sus tentáculos en el corazón de lo que pensábamos era la normalidad, ha desvelado algunas realidades que la sociedad opulenta y neoliberal había mantenido invisibles o bien cubiertas por el velo de la indiferencia. Una de esas amargas realidades es la expulsión de la ciudadanía, entendida ésta como un espacio en el que los individuos tenemos voz y autonomía, de importantes sectores de la población, muy especialmente de los niños y de las niñas, así como de las personas mayores. La crisis nos ha puesto delante de las narices, entre otras insoportables injusticias, como hemos creado un modelo de convivencia que se ampara, a su vez, en un modelo productivo, en el que los sujetos valen por lo que aportan al sistema, por su rendimiento en términos de capital, por su capacidad de emprendimiento. La alianza patriarcado/capitalismo no ha dejado de expulsar a las afueras a quienes no responden al canon del m…

LA CURA

Escribo estas líneas en pleno confinamiento y no sé si cuando vean la luz habremos superado al fin la barrera de los balcones. En estos días, en los que el tiempo parece un bucle y a la esperanza es como uno de esos bizcochos al que olvidamos poner levadura y por tanto no se vuelve esponjoso, he tenido, como todos, que anular actividades, que borrar páginas enteras de la agenda, de revisar mi horizonte más cercano de trabajo. El hombre siempre activo, en lo público, entregado a sus tareas productivas, se ha visto obligado a pisar el freno y a refugiarse en ese entorno, el de lo privado, que siempre percibió como extraño. Como un territorio en el que él solo reposaba, pero donde no lograba nunca desarrollarse como el héroe que desde niño le dijeron que debía ser. Y donde siempre, o casi siempre, había una mujer, o varias, dispuestas a cuidarlo y a ser su reposo.
Estas semanas que están siendo como un paréntesis, me están obligando a mirarme más detenidamente en el espejo y a reconciliar…

LO QUE HE APRENDIDO DE MI MADRE

Nunca, que yo recuerde, salvo tal vez cuando era un niño, he felicitado a mi madre el primer domingo de mayo. Sí que, por el contrario, he acompañado a mi hijo en los regalos que cada año le ha hecho su madre. Y es que nunca las poses han sido capaces de disimular del todo nuestras contradicciones: siempre hay rendijas por las que se cuela un empresario seductor. Pero en este mayo, en el que ya empieza a oler a verano en mi terraza, sí que he tenido la necesidad, no sé si porque la pandemia me pilla con el caparazón raído, de contar en público todo lo que he aprendido de mi madre. Lo que sigo aprendiendo de ella. Aunque no sé muy bien cómo resumir en pocas líneas tantas cosas que se me ocurren, sí que tengo claro el lema con el que titularía mi texto: la perfección no existe. Por más que los mandatos de género le insistieran toda la vida en cómo tenía que actuar una mujer que, al parecer, siendo madre cumplía buena parte de sus expectativas, y por más que siempre ella, como todas las…

MI CASA, LOS LIBROS

Cuando en estos días de confinamiento hablo cada mañana con mi madre, no me suele contar lo que está preparando de comida o lo que almorzó el día anterior, ni mucho menos me explica el bizcocho que nunca hará siguiendo un tutorial de YouTube. Es más normal que me cuente el libro que está leyendo y que nos pongamos a debatir sobre cómo, por ejemplo, Brenda Navarro en Casas vacías retrata la violencia masculina y las sombras de una maternidad que se rebela contra el “hágase en mí según tu palabra”. Mi madre, que me cuenta que cuando estaba embarazada de mí leía mientras cocinaba, con la novela de turno apoyada sobre una cacerola, apenas ve la televisión. Está deseando de tomarse su cena, cada vez más ligera, para meterse en la cama y allí, rodeada de libros y papeles, sentir que ha conquistado su habitación propia. Hace años que no solo lee, sino que también escribe un diario que no comparte con nadie y que cada 6 de enero, como si fuera un ritual, quema en la chimenea que sigue encendi…

MENORES Y MAYORES: LAS AFUERAS DE LA CIUDADANÍA

Cualquier crisis, mucho más una de las dimensiones de la que estamos sufriendo, pone al descubierto los agujeros del sistema, sus debilidades y flaquezas. Hace visible lo que a duras penas la "normalidad" escondía bajo una máscara de domesticación y frágil felicidad. De ahí que nos debería preocupar no solo cómo salimos vivos de la pandemia sino también como hacemos para asegurar el bienestar y la dignidad una vez que el virus haya sido confinado. Una salida que debiera producirse a través de las herramientas y estrategias que, precisamente se habían ido convirtiendo en los últimos años en las más endebles de un Estado escasamente Social. Recordemos que en nombre de la estabilidad presupuestaria y de los dictados del mercado se fueron sacrificando buena parte de las políticas sociales que en el pasado siglo trataron de corregir desigualdades. Y ello dio lugar a que muchos hombres y muchas mujeres fueran poco a poco expulsados a los márgenes, a ese lugar en el que hablar de …

EL BUEN MORIR

Desde que viví muy de cerca la muerte temprana, demasiado temprana, de mi tía M.ª Luz, dejé de tener miedo a la muerte y empecé a tenerlo al dolor. La larga y lenta agonía de aquel cuerpo que estuvo tan lleno de vida, del que tanto aprendí de los placeres de los días y de los viajes que entonces me quedaban por hacer, me enseñó la puñalada que supone ir perdiendo la autonomía y, con ella, la dignidad. Me di cuenta de que la vida, cuando se convierte en un infierno de dolores y de cadenas que nos impiden asomarnos a la ventana, no merece la pena ser vivida. Y que, en ese justo instante, que es como una revelación que nos abre la puerta al infinito, es cuando deberíamos sentirnos más dioses que nunca. Dueños y señores de nuestro futuro, de los relojes, de la última página del diario que tal vez no podamos escribir con nuestras propias manos. La tristeza que me provocó ver a mi tía favorita cada vez más pequeña en una cama, y que fue como si una bala me hubiera agujereado el estómago, m…

PRÓXIMA: La madre imperfecta

Todas y todos hemos visto muchas películas en las que los personajes principales eran hombres astronautas. Nuestro imaginario colectivo, en el que tanta fuerza tiene esa dimensión un tanto sobrehumana de alcanzar otros planetas, está poblado de varones que protagonizan grandes hazañas también más allá de la atmósfera. Elegidos para la gloria. Hace un par de años, la estupenda Figuras ocultas nos enseñó de que incluso en esos espacios tan masculinizados también ha habido mujeres, grandes mujeres, que todavía no hemos incluido en los libros de texto. Próxima, una singular película dirigida por una mujer, Alice Winocour, nos coloca en la pantalla justamente una de esas historias nunca contadas. En este caso, la de Sarah, interpretada con desgarro y hondura por la magnífica Eva Green, una astronauta francesa que se entrena en la Agencia Espacial Europea en Colonia y que es seleccionada para participar en una misión que la llevará a Marte. Una misión que la tendrá durante un año fuera de l…

MI DERECHO A LA TRISTEZA

Escribo estas líneas desde mi azotea privilegiada de funcionario que seguirá recibiendo su sueldo a final de mes, de trabajador al que incluso viene bien el aislamiento para buenas parte de sus actividades, de hombre que tiene la suerte de vivir acompañado este paréntesis, y lo hago, desde ese lugar tan cómodo, para reivindicar mi derecho a estar triste. A no ser parte de una ceremonia colectiva en la que cada día se nos insiste en resistir, en asomarnos a los balcones para sentirnos comunidad. Entiendo que estos gestos pueden ser útiles para levantar el ánimo, para sobrellevar en el encierro o para conformarnos con esa tranquilizadora percepción de que todas y todos estamos en el mismo barco. Lo cual es una verdad a medias, porque hay quienes están en camarotes de primera mientras otros malviven hacinados en las bodegas. Como tampoco es real la aparición espontánea de un sentido de comunidad que yo solo recuerdo similar cuando España ganó el Mundial, lo cual me demuestra que nos mov…

LA LUZ DE AUTE

Esta mañana estaba limpiando las estanterías de mi dormitorio cuando a través del mensaje telefónico de un amigo recibí la noticia de la muerte de Luis Eduardo Aute. En ese momento,  ordenaba un estante en el que tengo solo libros escritos por mujeres y, delante de ellos, una vieja fotografía en blanco y negro, en un marco de madera. En ella, estoy yo sentado, con apenas seis o siete años, mirando a la cámara como si el fotógrafo me hubiera sorprendido escribiendo en uno de mis cuadernos, y a mi lado está mi tía Mª Luz. Con esa mirada suya entre profunda y esquiva, tímida pero protectora, como si en ese momento, como en tantos otros a lo largo de mi vida, estuviera ejerciendo no solo de tía amorosa sino también de maestra. Cuando despacio le he quitado el polvo al marco de madera, no he podido evitar mirar hacia atrás, como en un flash back de película. Y es que hace ya tiempo aprendí que toda la vida es cine, aunque justamente ahora, en estos días de balcones, cueste tanto trabajo re…

LA INVISIBLES: Rebelión desde el confinamiento

“Las mujeres no pueden ser. Ni heroínas, ni humanas, ni  invisibles. Solo su ausencia, solo su sometimiento, solo su silencio, solo su sumisión, solo su culpa, solo su pecado, solo su miedo, solo su debilidad, solo su amor, solo su abandono, solo su muerte, solo su renuncia, solo su vulnerabilidad, solo su entrega, solo su fe, solo su tristeza, solo su mancha, sóoo su oscuridad, solo su cuerpo, solo su fracaso, solo su avaricia, solo su inseguridad, solo su descrédito, solo su desahucio, solo su mediocridad, solo su figura. Solo musas”. Peio H. Riaño
En estos días de encierro obligado, en los que, afortunado yo, solo disfruto del cielo que me deja contemplar mi terraza, estoy poniendo a prueba, tal vez más que nunca antes, al machote que todavía llevo dentro. Es decir, al tipo volcado en lo público, en su dimensión productiva, en una permanente acción con la que le demuestra al mundo – y a sí mismo - lo mucho que vale. El que nunca encontró en lo privado un espacio de realización perso…

TRAS LA ALARMA, EL TIEMPO DE LOS DERECHOS

Todos los años explico a mi alumnado los estados excepcionales previstos en el artículo 116 de la Constitución en la lección dedicada a las garantías de los derechos. De esa manera, pretendo dejarles claro que nuestra norma fundamental prevé la reacción ante situaciones extraordinarias de manera que, incluso en ellas y pese a ellas, se garantice su continuidad. Es decir, y aunque pueda parecer una paradoja, el sistema constitucional prevé la suspensión de derechos y el refuerzo de poderes del ejecutivo, para que no haya quiebra de unas condiciones mínimas de bienestar y convivencia. De esta manera, lo que se pretende es garantizar que durante la crisis, y una vez finalizada, el sistema se resienta lo menos posible, y que, a pesar de la situación extraordinaria, sea posible mantener la paz social. Si bien nuestro ordenamiento regula de manera mínima los efectos que tiene la declaración de dichos estados, dejando un amplio margen de discrecionalidad política en manos del gobierno, siem…