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LOS BUENOS PROFESORES. Esa difícil vocación

    Pocas cinematografías como la francesa han puesto tanto el foco en la educación, tal vez como consecuencia de un sistema republicano y laico que hace siglos tuvo claro que la escuela juega un papel esencial en la salud democrática. Algo que en nuestro país, sin embargo, pareciera que nos cuesta asumir, sobre todo desde el momento en que la educación ha sido siempre un arma arrojadiza entre los partidos y nunca ha jugado el papel esencial que, por otra parte, le reclama la Constitución, es decir, ser  educación para la ciudadanía . Tal vez porque, entre otras cosas, seguimos soportando el lastre de una educación concertada de ideario católico a duras penas compatible con los valores constitucionales. Es decir, porque no hemos completado la transición desde el régimen del nacionalcatolicismo al de una sociedad laica. En este sentido, es llamativa la poca atención que el cine español ha prestado a este contexto, con honrosas excepciones como la más que notable  Uno para todos (2020).
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LA PATERNIDAD COMO PEDAGOGÍA DE LA ESPERANZA

Desde que hace ya años, cuando ni siquiera podía imaginar que un día me convertiría en padre, le leí a Belén Gopegui que cuando se tienen hijos ya no se puede vivir sino hacia esa futuro que recibirán de nosotros, no he dejado de vivir en la búsqueda de ese equilibrio que supone estar en el presente pero no dejar de mirar el horizonte. Entre las manos, el tiempo escurridizo, frágil, ese tesoro que se nos va como el agua entre los dedos. Nuestra única riqueza. A la que hoy negamos en nuestra condición de auto-explotadores en esas “vidas trabajo” - ¿verdad, Remedios Zafra? – que nos impiden alzar la vista de lo inmediato y de lo urgente. Incapaces de volar si no es a ras del suelo. Persiguiendo fantasías (algo tan masculino). Renunciando a la imaginación. Como si solo nos importara vivir acontecimientos, y saciar deseos, y rebosar agendas, y contarnos sin explicarnos.   La complejísima pero apasionante tarea de ser padre me ha enseñado y me enseña cada día que, como yo intuía, las matemá

LA CASA. La difícil tarea de cultivar los abrazos

  La familia es un ecosistema en el que conviven heridas, silencios y deudas pendientes, siempre en un complejo equilibrio en el que los afectos amortiguan (no siempre) las tensiones. A estas alturas de la historia no hemos sido capaces de inventar – tal vez porque nos falta valentía, tal vez porque el sistema nos tiene domesticados – otra manera de sostener los vínculos, las dependencias y los cuidados. De alguna manera, seguimos siendo prisioneros del contrato matrimonial y sus efectos, como si no hubiéramos sido capaces de liberarnos de la “diligencia del buen padre de familia” a la que alude todavía nuestro Código civil. Es pues la familia un territorio para la novela y para el drama, también para la comedia, en general para narrar historias en las que me temo que siempre andamos arrastrando nuestros propios fantasmas. Puede incluso que muchos creadores y muchas creadoras no hagan sino otra cosa que hablar de su familia y de la casa en la que vivieron la infancia, esa patria que a

SIEMPRE NOS QUEDARÁ MAÑANA. La vida no es tan bella

  Hay muchas cosas en la primera película como directora de la actriz Paola Cortellesi que me incomodan. Algunas me recuerdan, para mal, a otra película italiana exitosa, La vida es bella ,   con la que nunca logré conectar emocionalmente y que siempre me dejó la duda de si es honesto pintar de colores una realidad tan negra. Ambas comparten una excelente factura, unas estupendas interpretaciones y una evidente continuidad no solo con el neorrealismo italiano sino también con un cierto tipo de tragicomedia que tantas veces vimos en el cine del país que ahora gobierna Meloni.   En las dos hay un evidente protagonismo de sus creadores que también son protagonistas, aunque he decir que mientras que Roberto Benigni   me pareció siempre insoportable, Cortellesi   tiene una potencia y una belleza indiscutibles, con un cierto aire a Olivia Molina y con esa fuerza que siempre han atesorado actrices italianas muy pegadas a la tierra. Las dos películas, también, están llenas de trampas y de golp

PASIÓN NAILS. Rosario Izquierdo y las buenas dependencias

  Dice la escritora y activista argentina   v al flores   que "la escritura feminista opera como técnica de extrañamiento, abriendo huecos, heridas, lapsus, fallas en la historia biográfica, social, cultural y política que archivan las palabras que hablamos y que nos hablan, revelando que en esa materialidad del lenguaje nuestros cuerpos han sido sistemáticamente objeto de inferiorización, borramiento, silenciamiento y aniquilamiento". Le he dado muchas vueltas a   las propuestas subversivas   de flores, así en minúscula, desafiando los mandatos mayúsculos de la autoridad masculina, como   bell hooks , al releer la última novela de   Rosario Izquierdo . La cuarta novela de la autora de  El hijo zurdo  nos vuelve a confirmar que en toda su obra hay un hilo narrativo, y hasta poético, que insiste en demostrarnos, como también dice val flores, que "escribir es una operación política para hacer habitables nuestras vidas, nuestros cuerpos, nuestros deseos". En su caso, 

LA QUIMERA. Una fábula contra el derecho de propiedad.

  “Esta película retrata el fin de la era del macho” Alice Rohrwacher Dice Alice Rohrwacher que siente debilidad por “aquello que peramente en la esfera de lo invisible”. Tal vez sea eso lo que acaban haciendo las personas que crean: buscar lo que no se ve, bucear por debajo de la superficie, excavar tumbas. Los artistas como “tombaroli”. Una suerte de rastreadores de la razón poética que habita en el suelo que pisamos y bajo el cielo en el que vuelan pájaros que esconden secretos. Hijos e hijas de Adriana. Hay en la nueva película de la directora de  Lázaro feliz  muchos hilos, no solo el rojo que une a los enamorados, que nos llevan de la realidad a la magia, del presente al sueño, de lo oculto a lo explotado. Una vez más, la italiana teje un cuento poblado de seres a la deriva, un animalario que se nutre de Fellini y el neorrealismo italiano. Pobres que quieren ser ricos, burgueses con casas que se caen a pedazos, proletarios que nos recuerdan la verticalidad del sistema, hombres qu

RIPLEY. La vida como obra de arte

  La belleza del blanco y negro.  La Italia del arte y los deseos, la madre y la madrastra. Nápoles, Roma, Venecia, Palermo. Amalfitanos azules que solo habitan en la mente del que los pinta.  El mar es aquí turbio y gris. El fondo del Mediterráneo como amenaza, la playa como un precipicio, el filo del canal como una advertencia. Caravaggio. Un hombre asesinado. Sangre que no vemos roja. Mina. Siempre Mina. El deseo de ser otro y los laberintos de soñar con palacios. Escalones amalfitanos y cortinas venecianas. Entre sombras cualquiera pueda ser otro.  Hombres con caparazón y mujeres que acaban en sus manos. El orden masculino, el Estado - policías, jueces, conserjes -y el desorden del arte. Un gato que mira y calla, la sabia Margherita Buy, máquinas de escribir con letras descolocadas y cartas, muchas cartas. Los buzones como espacio de fantasía. Una firma por comparar y un pasaporte con fotos superpuestas. Tú, yo, nosotros. Yo, tú, cualquiera. La identidad nómada. Las aguas turbias d