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CERRAR LOS OJOS: El mal envejecer

Últimamente pareciera que los adjetivos superlativos, esos que no dudan en calificar una película de obra maestra, se repiten con una facilidad pasmosa y como mínimo sospechosa. En esta última semana, sin ir más lejos, no he dejado de leer en medios y redes sociales que la serie de los Javis era la mejor del año, que era algo sublime, de la misma forma que me llegaban alabanzas extremas de lo nuevo de Coixet y no digamos del cuarto largo de Víctor Erice. Pareciera que esta facilidad para destilar calificativos excesivos fuera correlativa al aumento imparable, y con frecuencia insoportable, de la duración de las películas. He de confesar que nunca fui un rendido admirador del director de  Cerrar los ojos . En su momento me gustaron   El espíritu de la colmena   y, sobre todo,   El sur , aunque no sé bien si hoy las vería con el mismo entusiasmo. Me parecen buenas películas pero también pelín sobrevaloradas. Eso sí,   El sol del membrillo   me pareció soporífera. Por lo tanto, no he ido
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LA TRANSICIÓN DE LAS MUJERES

  Hasta hace relativamente poco tiempo, el relato que hemos recibido acerca de la transición española ha respondido a un extraño consenso y a una complaciente mirada que dejaba fuera muchos errores, fragilidades y carencias del proceso. Afortunadamente ya escuchamos muchas voces críticas que cuestionan algunos de los paradigmas con los que, política y culturalmente, se consolidó una narrativa en la que quedaron invisibles los claroscuros  y que, paradójicamente, prescindió de una herramienta básica en los ejercicios retrospectivos: la memoria. La que en el caso concreto de la historia española tiene que ver además con una de las grandes cuestiones pendientes de una transición a la que hay que reconocer sin duda logros incuestionables, pero que también permitió la continuidad de poderes, imaginarios y estructuras procedentes de la dictadura. En estos ejercicios de revisión, sigue faltando sin embargo una mirada que ponga el foco en cómo vivieron las españolas, nada más y nada menos que

EL SOL DEL FUTURO y la melancolía del presente

« Si no puedo bailar , tu revolución no me interesa" Emma Goldman Para quienes crecimos con el cine como educación sentimental, y en un mundo en el que parecía cierto que las utopías podían cambiar el mundo, el presente se nos está volviendo con frecuencia agrio y difícil de digerir. Por más que hagamos esfuerzos para ilusionarnos y recuperar la fe en la política, o en el arte, o en los otros, es más fácil que caigamos en el desaliento y en ese pozo sin fondo que acaba siendo la melancolía. Que se lo digan a una izquierda que hace años que es incapaz de salir del ombligo en el que habitan por igual ceguera e impotencia. También en lo personal hemos ido pasando de un mundo en el que las reglas parecían esculpidas en piedra a otro en el que, en este caso yo creo que afortunadamente, los individuos nos hemos ido convirtiendo en legisladores de nosotros mismos. El capitalismo de pantallas que nos seduce y nos estrangula por igual ha acabado por reducir a mínimos el espacio para pensar

DESARMANDO A KEN

  Supongo que a estas alturas del verano una gran mayoría de lectoras y lectores habrán visto el éxito cinematográfico del año. La   Barbie   de Greta Gerwig se ha convertido en todo un fenómeno y ha devuelto a las salas de cine la magia de un público que las ha llenado en un ritual que cada vez se da con menos frecuencia. Con un guion muy inteligente y una puesta en escena brillante, la película está lejos de ser un relato de esos con que tanta frecuencia el cine norteamericano nos trata como a menores de edad. La directora de la maravillosa   Ladybird   le da un giro al mensaje obvio que podríamos esperar de un producto como la famosa muñeca y aprovecha todo su universo para poner el dedo en la llaga del patriarcado y en cómo en el mundo real, en nuestro mundo, el orden de género sigue condicionado hoy las vidas de mujeres y de hombres. A ellas, marcándolas con unas expectativas que siguen situándolas en unos niveles de desigualdad y de exigencia difícilmente compatibles con una vida

ESCUCHAR, CONVERSAR, SANAR: Las dos caras de la justicia

  Aunque su título en español deje mucho que desear– ese   Las dos caras de la justicia   nos remite a un manido drama judicial hollywoodiense -,   Je verrai toujours vos visages , que es el título original, es de esas películas que nos interpelan no solo como espectadores sino también como ciudadanos. A partir de varios relatos de culpables y víctimas de determinados delitos, el largometraje de Jeanne Henry, nos adentra en el complejo mundo de la justicia restaurativa y nos deja muchas preguntas (algunas sin respuesta) y, sobre todo, una serena y humanista reflexión sobre la forma en que las sociedades democráticas avanzadas respondemos frente a aquellos que rompen las reglas de la convivencia.     Algo sobre lo que deberíamos reflexionar seriamente en un país como en el nuestro, en el que recientemente pareciera que la gestión no solo jurídica, sino también moral, de muchas acciones intolerables las estamos automáticamente trasladado al ámbito sancionador del Derecho Penal. Este larg

LAS CHICAS ESTÁN BIEN. La hermosa carta al futuro de Itsaso Arana.

En una tarde de domingo, de esas en la que la lluvia, tan deseada y primeriza, hacía todavía más hondo ese poso de tristeza que deja ese momento de la semana, el cine ha vuelto a regalarme una experiencia de sol y ventanas abiertas. Cuando cada vez parece más complicado que la gran pantalla nos sorprenda con un relato de esos que te cosquillean por dentro, como si una polilla nerviosa fuera completando el recorrido desde los pies hasta la cabeza, el primer largometraje de Itsaso Arana me ha sanado de tormentas y sequías amenazantes. Me ha reconciliado con la capacidad de fabular que tiene el cine cuando nos habla de la vida misma, me ha transportado a un lugar y momento idílicos para, como quien no quiere la cosa, con la suavidad de la mano que reconoce la piel de otro, hablarme de mí mismo.   Las chicas está bien , que tiene algunas de las imágenes más bellas y poéticas del cine español reciente, me ha transportado durante hora y media a un espacio y a un tiempo indefinidos, a una sue

ANA, DEL NO A LA ESPERANZA. La memoria republicana y feminista de Agustín Gómez Arcos

“ Ya que sabe leer y escribir, puede hablar de sí misma. No necesita las voces ni las palabras de nadie. Tampoco necesita que le creen un personaje. La protagonista es ella misma”   Hay libros que llegan a tu vida como si encerraran un tesoro, un cofre cargado de preguntas y de trozos de piel, casi una maleta en la que se enredaran pañuelos y prendas íntimas de otros y de otras con las tuyas propias.  En un ejercicio intransferible de memoria que entra y sale por las ventanas como ese aire del amanecer que en otoño nos invita a quedarnos en la cama, despiertos, pero con la cabeza ya a punto de saltar a la vida. Este tipo de libros, que no son los que con más frecuencia caen en mis manos, es como si hicieran un agujero profundo dentro de nosotros y se quedaran en él para siempre, en un singular ejercicio de sanación. Este verano uno de estos libros ha zarandeado mis habitaciones y mis cuadernos, mis pantallas y hasta las suelas de los pies. La novela  Ana no , de Agustín Gómez Arcos, qu