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FRAGMENTOS DE UNA MUJER: De maternidades, cuerpos y pérdidas

  Por más que los hombres tratemos de ser empáticos con nuestras compañeras, por más que escuchemos su voz y leamos sus relatos, por más que nos convirtamos en unos (imperfectos) padres responsables, siempre nos quedaremos en las afueras de la experiencia, física y emocional, que supone la maternidad. Una experiencia que no ha formado parte de la narrativa de lo universal y que solo muy recientemente, y todavía bajo una cierta categorización de excepcional, ha empezado a ocupar libros, reflexiones y hasta películas, y no como un elemento secundario de la principal trama masculina, sino como eje central de la historia.  Fragmentos de una mujer , dirigida por  Kornél Mundruczó , y recién estrenada en la plataforma Netlflix, es uno de esos relatos que sitúa en el foco las vivencias de una mujer que pierde su hijo nada más nacer. Tras una primera media hora difícil de olvidar, en la que se nos cuenta en un solo plano secuencia todo el proceso del parto y en la que es imposible no sentirte
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ADIÓS A LAS LIBRERAS

En un país como el nuestro, en el que la mayor obsesión en los últimos meses parece haberse concentrado en los horarios de los bares y en la distancia de las mesas en las terrazas, por no hablar del empeño auspiciado por nuestros representantes en salvar la Navidad o en primar lo productivo sobre la sostenibilidad de la vida, no debería sorprendernos que la noticia del cierre de una librería apenas remueva las tripas del respetable. Sin embargo, quienes necesitamos los libros como el aire que respiramos, ya que sin ellos seríamos incapaces de alzarnos cada mañana y de concebir la vida como un proceso siempre abierto de sorpresas y pasiones recién descubiertas, cuando vemos cerrada la puerta de una librería sentimos una especie de desgarro, una herida que va restando tiempo a nuestro futuro, una suerte de desasosiego que, como si fuéramos parte de una cofradía laica, solo podemos compartir con quienes, como nosotros, viven la lectura como el alimento que nos abre más y más los ojos. Esa

LOS HOMBRES BLANCOS CABREADOS ASALTAN EL CAPITOLIO

A principios de este siglo, el experto en masculinidades Michael Kimmel publicó un libro excelente que, pasados los años, ha ido cobrando más valor si cabe a medida que los  acontecimientos han demostrado la lucidez de su análisis. En   Hombres blancos cabreados,  Kimmel explica cómo un sector muy importante de la sociedad norteamericana, muy especialmente masculino, se fue sintiendo agraviado a medida que se desmoronaban los cimientos de su mundo patriarcal de siempre. El avance lento pero progresivo de los derechos de las mujeres, el reconocimiento de las minorías sexuales - y étnicas en el caso de EEUU: un presidente negro fue una puñalada en el corazón de los supremacistas blancos -     y, muy especialmente, la pérdida del estatus tradicional de hombres proveedores, agravada por la crisis económica de los últimos años, fueron la mecha que encendió una reacción conservadora y machista, una especie de revancha, frente a un mundo en el que cada vez había menos espacio para la omnipote

MOFFIE: El mandato de virilidad

Moffie, basada en una obra autobiográfica del novelista Andre Carl van der Merwe , es una hermosísima película que nos cuenta una historia particular pero que, al mismo tiempo, trasciende el momento y el relato concreto para hablarnos de algo universal . La historia particular es la de Nicholas, el joven blanco y homosexual que es obligado a alistarse en lsa Fuerzas de Defensa de Sudáfrica en la frontera con Angola. Estamos en 1981, cuando el   el gobierno de la minoría blanca de Sudáfrica estaba envuelto en un conflicto en su frontera con la Angola comunista. Todos los varones blancos sudafricanos aptos entre 17 y 60 años debían completar dos años de servicio militar obligatorio.   La universal es la relacionada con cómo la masculinidad se ha ido forjando a través de una serie de entrenamientos, prácticas y exhibiciones mediante las cuales los varones hemos tenido que ir ajustándonos a unas expectativas de género. Todos los rituales mediante los que hemos ido poniéndonos la máscara q

LA NOCHEBUENA DE UNA ABUELA QUE MIRA POR LA VENTANA

En estos días de tanta mesa camilla, a la que siempre vuelvo como un niño mal criado, no han dejado de venir a mi cabeza imágenes de esa Navidades en las que solo por el hecho de seguir los ojos ilusionados de mi hijo me dejaba llevar por todo eso que ahora me deja indiferente. No he podido olvidar todos los preparativos que desde semanas antes, como quien va ahorrando poco a poco en una hucha secreta, su abuela iba tejiendo, sin que nadie la viera, a su aire, en esos pequeños espacios de libertad que podía permitirse. Como si fuera una hormiguita, iba llenando la despensa de cosas ricas, preparando en sobres al aguinaldo que daría a sus nietos y a sus nietas (ay, cada día más y la paga siempre la misma), rescatando el viejo belén que guardaba en el trastero. Era todo un ritual para ella colocar en un lugar central de la cocina el jamón que cada año compraba como si fuera un tesoro y con el que parecía conformarse de que la lotería nunca llamase a su puerta. Un jamón que luego iban cor

LOS ROSTROS COMO UTOPÍA

Son tantas las cosas que hemos ido perdiendo en este jodido año, incluso aquellos que tenemos la fortuna de seguir con vida y con una situación laboral estable, que no sabría por donde empezar a escribir una carta a los Reyes Magos. Los únicos en los que, por cierto, cree mi alma republicana. Son tantas las pequeñas y las grandes cosas a las que hemos ido renunciando en esta especie de paréntesis que vivimos que no sabría cuál de ellas me gustaría recuperar la primera. No sé si los abrazos, o los viajes, o simplemente la sensación de volver a las calles sin ese miedo y sin esa angustia que hoy nos está convirtiendo en seres cada vez más huraños. Liberado al fin de esa exigencia de distancia social que está siendo, me temo, la mejor coartada para quienes siempre pretendieron dominarnos, sin que ni siquiera nos sirvan ya de manera efectiva los derechos que creímos fundamentales.     La vida digna ha ido perdiendo el adjetivo en nombre de la salvaguarda del sustantivo.   Después de varios

25N: LA URGENCIA DE POLÍTICAS DIRIGIDAS A LOS HOMBRES

Un año más, en torno al 25N, volveremos a reincidir en el diagnóstico de por qué, pese a los instrumentos legislativos y a las políticas desarrolladas en los últimos años, que pese a sus imperfecciones han supuesto un avance significativo en la lucha por la igualdad real, la violencia machista no cesa. Y lo haremos en un año singular en el que la pandemia, muy especialmente en los momentos más duros del confinamiento, ha contribuido a hacer menos visible esa violencia que se perpetúa en lo privado y que continúa siendo la proyección más dramática del contrato sexual todavía vigente. Volveremos a reivindicar la necesidad de más recursos, del desarrollo del casi olvidado Pacto de Estado de 2017, de incorporar a nuestro ordenamiento un concepto más amplio de violencia de género siguiendo las pautas del Convenio de Estambul, o de formar y sensibilizar a todos los operadores jurídicos para que la tutela judicial de los derechos de las mujeres sea efectiva. Sin embargo, y pese a lo necesario