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DESCONOCIDOS: El poder de la mirada

  Quienes fuimos niños  queer -esa palabra con la que ahora pareciera que huimos de otras que nos remiten a insultos y humillaciones -, y muy especialmente quienes los fuimos en la década de los 80, hemos sentido en algún momento la necesidad de reescribir nuestra historia familiar o, como mínimo, de revisitar ese tiempo en el que nos sentimos tan perdidos y en el que nos habría gustado encontrar refugio en los más próximos. Crecimos arrastrando miedos e inseguridades, con una angustia similar a la que se siente al despertar de una pesadilla. Muchos aún tenemos una profunda herida que nos hace singularmente vulnerables. Estoy seguro, por tanto, que muchos os habréis reconocido en el Adam de la última película de Andrew Haigh, ese escritor que, a través de un doloroso ejercicio de memoria, trata de reconocerse y aceptarse. Un hombre que, aislado en uno de esos edificios terroríficos en los que sobrevivimos a la modernidad, necesita volver al niño que fue y hablar todo lo que calló con s
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PACÍFICO FUTURO. Las guerras de nuestros antepasados

  “Las guerras están en nuestro huevos, y habrá guerras mientras los hombres tengamos huevos”   Palabra, cuerpo, voz. Eso es el teatro. Tres elementos bastan para que una historia, desde el escenario, nos hable de nosotros mismos. Si ese triángulo baila y remonta el vuelo, no hacen falta más artificios. La verdad salta a las butacas y nos aprieta el corazón como si quisiera extraer de él lo mejor desconocido. Cuando ese milagro se produce, el espectador sale a la calle con la sensación de haber vivido una especie de ritual laico, una suerte de epifanía, de esas que hacen que respiremos mejor, como cuando nuestras madres nos ponían sobre el pecho  vicksvaporub . Así fue como el viernes salimos del Gran Teatro tras haber sido testigos de la historia de Pacífico. La espléndida adaptación de uno de los libros más hondos y complejos de Delibes,  La guerra de nuestros antepasados , hecha por Eduardo Galán, tiene la gran virtud de que en ningún momento arrastra el peso de lo que originariamen

ZORRA: ¿RESIGNIFICAR O DESMONTAR?

  La reapropiación con un sentido positivo de un término que tradicionalmente ha servido para descalificar y devaluar es siempre   un proceso complejo . Entre otras cosas, porque la discriminación, que siempre supone humillación, pasa siempre por los cuerpos y las vivencias de las personas que la sufren, por lo que es complicado   dar el paso de la experiencia personalísima a la que podríamos considerar colectiva o política . Nunca, por lo tanto, los procesos de resignificación son completos o universales. Pensemos, por ejemplo, en cómo  la validación de un insulto  como maricón no es lo mismo en un contexto de gais urbanos y empoderados que en un entorno rural o en la experiencia de un adolescente que ande perdido entre la búsqueda de su identidad y la necesidad de aceptación por el grupo. Por lo tanto, la resignificación de una palabra no es nunca el resultado de un acto o acontecimiento concreto sino más que bien es  la consecuencia de un largo itinerario de luchas , vindicaciones y

ENAMORARSE DE Y CON ANA BELÉN

Cuando se conoció que Ana Belén y los Javis serían los conductores de la edición de este año, Paloma Rando, una de las guionistas del evento, escribió en  El País que “presentar los Goya es como enamorarse”. Una tarea compleja, incierta, apasionante. A veces sale bien, otras es un desastre. Este 2024, para mí, como supongo que para tantos españoles con los que comparto décadas de transiciones y desesperanzas, el enamoramiento está asegurado de antemano. La genial idea de mezclar generaciones diversas y, en principio, artistas que poco tienen en común, se suma al hecho de que sea Ana, la Pilar Cuesta que lleva tantos años siendo parte de nuestra memoria y de nuestro presente, la que esa noche de sábado trate de seducirnos para que celebremos el cine español. Esa endeble industria en la que últimamente se están abriendo ventanas cada vez más plurales y a las que, sin embargo, todavía muchos siguen mirando como si no tuvieran que ver con nosotros. Como si no fueran también espejo donde se

POBRES CRIATURAS. Fábula de una emancipación

Excesiva, bizarra, gótica (y barroca), loca, perversa, fascinante. No dejan de ocurrírseme adjetivos para calificar la última obra de Yorgos Lanthimos. Y tal vez eso sea la mejor expresión de una tendencia que se repite mucho últimamente en las pantallas. Es como si más que obras de arte viéramos unos artefactos, técnicamente complejos y estéticamente apabullantes, que no dejan de lanzarnos mensajes y que nos generan sensaciones encontradas. Los años, sin embargo, me avisan de que cuando menos adjetivos son necesarios para describir una realidad más verdad hay en ella. Es como si en esta sociedad narcisista y de necesidad de vivir acontecimientos hubiéramos olvidado los sustantivos. Y sí,  Pobres criaturas  es todo un acontecimiento, aunque todavía no tengo claro si sus creadores me han seducido o engañado, o ambas cosas a la vez. Si es radicalmente feminista o todo lo contrario. Si nos está animando a subvertir el mundo o si se limita a inquietarnos ligeramente mientras que nos distra

LA ZONA DE INTERÉS. Todas y todos somos verdugos

  El mismo día que leí un bellísimo artículo de Irene Vallejo en el que de la mano de figuras tan dispares como Gloria Fuertes o Séneca reivindicaba el erotismo de la bondad, fui al cine a ver   La zona de interés . No puedo imaginar dos extremos más radicales que, en el fondo, nos muestran las aristas de la naturaleza humana. Tras empezar el domingo con el optimismo de la autora de   El infinito en un junco , nunca pensé que iba a terminarlo con una enredadera de angustia delante de la pantalla. Hacía tiempo que no vivía una experiencia tan “terrorífica” en una sala de cine, la que el espectador empieza a sentir desde que en los minutos iniciales, sin imágenes en la pantalla, suena la música de Mica Levi. Una banda sonora que es como una suma de puñetazos, de disparos, de botas que pisotean, de sonidos que en vano tratan de hacer música con la referencia del dolor ajeno. El sonido del dolor de otros. Ese que insistentemente en la película nos recuerda que estamos asistiendo a uno de l

SOBRE HOMBRES FEMINISTAS, NUEVAS MASCULINIDADES Y MUJERES HASTA EL MISMÍSIMO

Una de las lecciones que uno aprende cuando estudia algo de feminismo, aunque sean solo unos textos introductorios, es que   el patriarcado tiene la capacidad continua de reinventarse , de adaptarse a cada momento histórico y de buscar aliados en todos los contextos. Solo así es posible explicar   su pervivencia y los diferentes rostros que ha ido adoptando   a lo largo de los siglos. En estos momentos de neoliberalismo salvaje, es evidente que dicho orden político, que también es una estructura de pensamiento, ha encontrado en el mercado un cómplice impagable y en las redes sociales un vehículo imprescindible para que, entre otras cosas, sigamos desvinculándonos de lo común. Es decir, en este mundo de  presentismo, narcisismo y egos a la deriva , es fácil que los señores de toda la vida dejen intocables los pactos que los mantienen en el poder, mientras que el resto andamos entretenidos y domesticados, aunque pensemos lo contrario, en los espacios digitales. Eso sí, no nos faltan etiq