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LA MIRADA

Domingo de Ramos, 2012
La mirada que se hace calle. La que quisiera atraparlo todo, hacerlo suyo como el pirata que ha recién encontrado un tesoro. Los olores, los colores, las músicas. Los contrastes de una Córdoba que, casi siempre, es imposible explicar. Un Crucificado medieval y una Dolorosa por los arcos de la Mezquita, una Esperanza que parece rociera y un rosetón gótico que se deshace en contradicciones barrocas.

La mirada que lo digiere todo con el ímpetu vitalista de un niño al que le gustaría que siempre fuera Domingo de Ramos.  La vela que se va consumiendo bajo un sol incierto de abril. Los ojos que quisieran robarlo todo - las flores, el incienso, los tambores - y convertirlo en una fábula donde siempre se volviera al principio. Un ciclo, como el de la vida, que siempre hace que la primavera huela a mestizaje. Más allá de lo religioso. Sur, siempre Sur.  Barroco y romántico. 

La mirada que se detiene en un llamador, en los pies de los costaleros, en las broches de las mantillas, en la mujer costalera que lleva en sus hombros todo el dolor del mundo, en los jardines que parecen arrancados de la tierra, en la Virgen que pasea por arcos árabes y en las sombras que deja en el pared un paso de misterio. Pies descalzos, Rescatado, milagros. Un crucificado medieval en el patio de los naranjos.

La mirada compleja y mixta de Andalucía en sus calles tomadas por la gente. Abel que mira y que guarda cada varal y cada cirial en los bolsillos. Como si fueran una varita mágica que siempre le va a permitir la vuelta a la infancia. Una bambalina azul,  y otra roja, y otra dorada, y otra que deja pasar un sol que siempre vuelve en primavera. Al cielo con ella.




















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