Ir al contenido principal

LA INFANCIA

Lunes Santo 2012


 Los días de Semana Santa tienen mucho de espacio suspendido en el tiempo. De retorno a la infancia. A los días anchos y largos en los que parecía que la vida era un juego permanente, una apuesta en la que no cabía la derrota, un vasto campo de afectos sin contrapartida.

La única patria es la infancia y tal vez por ello esta celebración perdura sin que nadie sepa muy bien a qué es debido. Quizás la explicación haya que buscarla en ese momento de la vida en la que los sentimientos brotan más libres, ingenuos, saltarines. En el que todo dentro de nosotros es un niño con capacidad para la sorpresa y la admiración.  En el que es tan fácil sentir que el pueblo es, sobre todo, una geografía humana.

Abel y sus primos no necesitan ese retorno porque, afortunados, todavía habitan ese territorio donde la realidad y la magia se mezclan caprichosamente. Sin que se den cuenta están forjando una cadena de afectos que, de no romperse con el vaivén de los tiempos, será la que mejor pueda sostenerlos en la ardua y puñetera tarea que supone vivir.

Siempre tendrán en ese tesoro que acaba siendo la memoria la tarde de un Lunes Santo en la que lo de menos eran el Cristo o la Virgen a la que acompañaban. Lo de más era esa envidiable conjunción de sonrisas limpias y fraternidad elegida. La patria en la que siempre habitarán.



Comentarios

Entradas populares de este blog

HOMBRES REVOLUCIONADOS

Si el XX fue calificado como el siglo de las mujeres, no tengo duda de que el XXI merece ya el título de siglo del feminismo. No creo que haya una propuesta emancipadora tan ilusionante y global como la que reclama la superación de un orden, el patriarcal, y de la cultura en la que se apoya, y que no es otra que el machismo. Una propuesta, teórica y vindicativa, que justamente ahora nos interpela de manera singular a los hombres. Es decir, a esa mitad de la Humanidad que nunca antes estuvo tan desorientada y desubicada ante la imparable revolución de la otra mitad. Es innegable que la progresiva conquista de autonomía por parte de las mujeres está provocando en algunos hombres, me gustaría pensar que los menos, una actitud reaccionaria, la cual los lleva a situarse a la defensiva, celosos de sus privilegios y de un lugar que saben que ya nunca volverán a tener. De ahí que un machismo cada vez más beligerante, y amparado en fratrías de machos que se resisten a perder su hegemonía, esté…

EL MONSTRUO CON PENE Y LA MUDA ENAMORADA: por qué no me ha gustado LA FORMA DEL AGUA

La última película de Guillermo del Toro, que parece destinada a ser la gran triunfadora de los Oscars y que parece haber puesto de acuerdo a crític@s de cine tan dispares como Pilar Aguilar y Carlos Boyero, a mí me parece un producto perfectamente fabricado para su disfrute en la “era Trump” y para que el espectador lo contemple como un ejercicio de limpieza de conciencias frente al mundo tan horrible que nos ha tocado vivir. En esa línea creo que entronca perfectamente con esa cursilada llamada La la la land y cuyo éxito apabullante todavía no he logrado entender. Es decir, La forma del agua se dirige a las emociones más superficiales, esas que no requieren un esfuerzo singular por parte del que las recibe y que permiten salir relajados del cine, como quien se ha reconciliado con una parte de su humanidad que creía olvidada y aunque luego, casi inmediatamente, continuemos enrolados en este mundo cínico donde la único pasaporte hacia el éxito parece ser el “sálvese quien pueda” o, co…

MIRARME EN CÁDIZ

Mirarme en Cádiz es lo más parecido a arrancarme la piel a tiras y dejar que las vísceras hablen por sí solas. Hacer un ejercicio de memoria con el que domesticar la melancolía. Aprender que la vida se alimenta de pequeñas sacudidas. De esos pequeños terremotos, casi imperceptibles, que nos descolocan las piezas y hacen que, al despertar, tengamos la sensación de haber dormido en otra cama.
Mirarme en Cádiz es reconciliarme con lo que un día fui, con las manos que me cuidaron y me arroparon, con la ternura que solo cabe en un guiso materno y, por qué no, en el orgullo viril de un padre que antes lloraba más con las películas que con la vida.

Mirarme en Cádiz es sentir, como si fuera la primera arena en la piel de un recién nacido, el latido impagable de las mareas. Las costumbres del sol y las mudanzas de la luna.  El niño que ya no está, el adolescente que es, la ola que siempre me pilla desprevenido, un olor imposible a papilla de frutas, pescaíto frito y  café.
Mirarme en Cádiz es apr…