“Te podría contar Que está quemándose mi último leño en el hogar Que soy muy pobre hoy Que por una sonrisa doy todo lo que soy Porque estoy solo y tengo miedo” Joan Manuel Serrat, Balada de otoño A estas alturas de mi vida, en que empiezo a sentir que tengo más pasado que porvenir, y cuando empieza haber vacíos, demasiados vacíos, en mi agenda, me doy cuenta más que nunca de cuántas mujeres han sido y son esenciales en mi sostén. Cómo han sido ellas, con su praxis, y no tanto con sus discursos, las que me han ido descubriendo las maravillas de la horizontalidad y el verdadero sentido de lo que es tejer redes, algo a lo que, me temo, todavía los hombres no solemos estar muy acostumbrados. En mi vida académica, a la que tanto tiempo he dedicado y dedico, nunca subrayaré lo suficiente el papel tan importante que han tenido, y siguen teniendo, las mujeres de la Biblioteca de mi facultad. Con algunas de ellas he recorrido un itinerario largo largo en el que...
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