Como bien explicara en su exitoso libro "Mujeres que corren con los lobos", la escritora Clarissa Pinkola, siempre ha habido mujeres que han demostrado una fuerza superior a los hombres, un coraje que las habría hecho merecedoras de mejor suerte en la desigual historia escrita por aquéllos. Todavía hoy, en las sociedades democráticas que estimamos avanzadas, ellas lo tienen más complicado al emprender determinadas carreras que siguen estando marcadas por el orden patriarcal. Es el caso por ejemplo del mundo del deporte, tan masculinizado y, más allá incluso, convertido en referente de la iconografía machista. Las mujeres han de pelear, como lobas, por hacerse con su espacio, por hacerse visibles y por demostrar que tienen, como mínimo, la misma capacidad que los varones para llegar a la meta. Todo ello además en un contexto social que sigue culpabilizando de manera especial a las que deciden proyectarse personalmente más allá de sus relaciones personales o de la "sacr...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez