El depredador patriarcal sigue suelto. Apenas si se ha visto ligeramente aturdido por los azotes bienintencionados de lo políticamente correcto. La diferenciación jerárquica entre hombres y mujeres, las desiguales relaciones de poder, siguen marcando nuestro contrato social. No hace falta más que mirar el catálogo de juguetes de El Corte Inglés o la encuesta en la que una mayoría de chicas dicen que deben ser complacientes con sus novios. Violencia, poder y masculinidad siguen componiendo el triángulo de los horrores. De ahí que el reto político, y sobre todo cultural, sea romper esa conexión y alumbrar otras masculinidades. Y con ellas, una nueva racionalidad pública. Mientras que eso ocurre, seguiremos celebrando concentraciones con señores encorbatados y , en el peor de los casos, como esta mañana ha ocurrido en la Facultad de Derecho, con la ausencia casi absoluta de profesores/as, alumnado y trabajadores/as. Supongo que andarían flotando en el cielo azul que parió el 20N y sintiéndose felizmente paritarios en las aulas donde ellas estudian más pero donde son menos en las cátedras.
Si el XX fue calificado como el
siglo de las mujeres, no tengo duda de que el XXI merece ya el título de siglo del
feminismo. No creo que haya una propuesta emancipadora tan ilusionante y global
como la que reclama la superación de un orden, el patriarcal, y de la cultura
en la que se apoya, y que no es otra que el machismo. Una propuesta, teórica y
vindicativa, que justamente ahora nos interpela de manera singular a los
hombres. Es decir, a esa mitad de la Humanidad que nunca antes estuvo tan
desorientada y desubicada ante la imparable revolución de la otra mitad. Es
innegable que la progresiva conquista de autonomía por parte de las mujeres
está provocando en algunos hombres, me gustaría pensar que los menos, una
actitud reaccionaria, la cual los lleva a situarse a la defensiva, celosos de
sus privilegios y de un lugar que saben que ya nunca volverán a tener. De ahí
que un machismo cada vez más beligerante, y amparado en fratrías de machos que
se resisten a perder su hegemonía, esté…

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