El depredador patriarcal sigue suelto. Apenas si se ha visto ligeramente aturdido por los azotes bienintencionados de lo políticamente correcto. La diferenciación jerárquica entre hombres y mujeres, las desiguales relaciones de poder, siguen marcando nuestro contrato social. No hace falta más que mirar el catálogo de juguetes de El Corte Inglés o la encuesta en la que una mayoría de chicas dicen que deben ser complacientes con sus novios. Violencia, poder y masculinidad siguen componiendo el triángulo de los horrores. De ahí que el reto político, y sobre todo cultural, sea romper esa conexión y alumbrar otras masculinidades. Y con ellas, una nueva racionalidad pública. Mientras que eso ocurre, seguiremos celebrando concentraciones con señores encorbatados y , en el peor de los casos, como esta mañana ha ocurrido en la Facultad de Derecho, con la ausencia casi absoluta de profesores/as, alumnado y trabajadores/as. Supongo que andarían flotando en el cielo azul que parió el 20N y sintiéndose felizmente paritarios en las aulas donde ellas estudian más pero donde son menos en las cátedras.
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez

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