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SER UN HOMBRE

"No soy como la brigada de la camiseta blanca, ese tipo de homosexuales guapos que van al gimnasio y a los que asusta envejecer. Nunca he estado cómodo siendo joven, es difícil de explicar. Tengo 48 años, que no es mucho en años gais, a esta edad te conviertes en un papi y gustas a muchos jovencitos. Me siento un objeto diferente de deseo. Cuando eres demasiado viejo para ser guapo tienes que concentrarte en ser un hombre. Estoy trabajando en ello".

Las declaraciones de George Michael en EL PAÍS de hoy tienen mucha tela que cortar, sobre todo porque conllevan la asunción implícita de una "masculinidad hegemónica" que ni siquiera el mundo gay está ayudando a cambiar. Esa madurez que Michael liga a el estatus de "papi" y esa desvinculación de la belleza física a la que parece condenar la juventud nos advierten de que para muchos hombres - heteros, gays, bi,... lo de menos es su orientación sexual - sigue habiendo un modelo dominante que nos obliga a esfuerzos y renuncias. "Estoy trabajando en ello", dice Michael. El trabajo de ser hombre. Un hombre de verdad. Pasado la época de ser una "loca" de gimnasio y fiestas, ahora toca ser, en la madurez, el hombre del que se enamoren jovencitos o, lo que es lo mismo, el príncipe valiente de todos los cuentos de hadas.

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