Me considero ciudadano de todos los lugares que he recorrido. Mi patria, por tanto, está hecha de múltiples fragmentos, de fotografías desordenadas y cuadernos de bitácora escondidos en los cajones. Mi patria es una mezcla imposible de realidad y deseo, de memoria y anticipación, de raíces y ventanas. Ahora bien, por debajo de ese rompecabezas late una brújula que está impresa en las plantas de mis pies, en mis cinco sentidos, en el reverso de todas las páginas que escribo. La brújula a la que me refiero tiene que ver con mi infancia, con la voz de mis abuelas y los sabores que aún puedo sentir cuando cosquilleo con la lengua mi memoria. Cuando me dejo llevar por ella, mis piernas vuelven a ser las de un niño de ojos inquietos. Las piernas que se pierden por las calles del Cerro, siguiendo el rastro del sol que multiplica el blanco de las paredes, atreviéndome a buscar los tesoros que se esconden en los patios. Esos santuarios donde mujeres con delantal riegan las plantas y ...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez