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EL AMANTE DOBLE Y LA MUJER HETERODESIGNADA

Tras el hermoso y clasicista intervalo que supuso Frantz, la última película de F. Ozon tiene un evidente hilo de continuidad con su lamentable Joven y bonita.  Y no solo porque la bellísima e inquietante Marine Vatch (ahora ya convertida en una mujer adulta) sea también la protagonista, sino porque vuelve a mostrarnos qué mirada tiene el director francés sobre las mujeres. Una mirada que, por cierto, tiene mucho que ver con la de Pedro Almodóvar, con el que frecuentemente se le ha comparado. Si en Joven y bonita nos planteaba una esteticista y controvertida historia sobre la prostitución entendida como ejercicio de la "libre elección" de una jovencita menor de edad, burguesa y aburrida, a la que no parecía importarle mucho venderle su cuerpo a señores ricos y mayores, en El amante doble Ozon nos plantea una imposible historia sobre las identidades a partir de un personaje femenino en el que proyecta todos los tópicos y estereotipos que al patriarcado le interesa reproducir.  Basta con leer una breve sinopsis de la historia para descubrirlo: "Chloé es una joven mujer muy bella pero también melancólica y muy frágil. Para intentar ayudarse a sí misma, empieza a acudir a psicoterapia para superar la depresión que padece. Su psicólogo será Paul, un atractivo hombre de 36 años, rubio y que atrae con sus sensuales e hipnóticos ojos azules"

De nuevo el cine insiste en mostrarnos a una mujer extremadamente frágil, depresiva, marcada por tóxicos vínculos con su madre, que se define a sí misma como "incapaz de amar" y que en un momento de la película dice literalmente que "parece estar rumiando mierda". Una protagonista que, para colmo de clichés, siente un extraño dolor en el vientre: ese espacio donde al parecer para algunos reside la única clave de la feminidad. La bella y triste Chloé parece incapaz de valerse por sí misma y necesita ser designada por otros, es decir, por un varón, que en este caso se desdobla en dos. Hay una frase definitiva que ella pronuncia y con la que resume a la perfección cómo Ozon entiende la subjetividad femenina: "Cuando usted me mira así siento que existo". Es decir, la perfecta concreción de cómo para el patriarcado las mujeres no existen por ellas mismas sino en función y por la mirada de los hombres. Somos nosotros los que las dotamos de identidad mientras que ellas navegan a la deriva y, por supuesto, son objeto de las pasiones que controlamos los varones. Mucho más en el caso de los sujetos protagonistas de esta película: dos "gemelos caníbales" que bien podrían haber sido bautizados como dos "depredadores patriarcales".

Para que no falte ningún detalle, también en la película, como por ejemplo en tantas de Almodóvar, tenemos personajes secundarios que dan vueltas alrededor de la cautiva protagonista. Como esa vecina solitaria y extraña que, a su vez, tiene una hija "atormentada", que está ingresada en un sanatorio desde los 30 años. Más mujeres locas, histéricas, perdidas, desubicadas. Como tan desubicado parece el personaje de la madre, interpretado por una desaprovechada Jacqueline Bisset, que tiene en concreto una escena absolutamente vergonzante en la que se nos muestra como una especie de "madrastra" herida e iracunda. Otro prototipo de los cuentos escritos por hombres.

Por supuesto, y en clara continuidad con la ya citada Joven y bonita, hay violencia sobre la protagonista, la cual es abofeteada y hasta penetrada contra su voluntad. "No te resistas", le dice el bello varón seductor. Y para que no quede ningún rizo sin rizar Ozon le coloca un dildo para que ella puede ser la penetradora y así, aunque sea por un momento, sentir el poderío y la seguridad que parece patrimonio exclusivo de los varones.

"Yo creo que usted fue mi remedio", le dice Chloé a su terapeuta. Así se cierra el círculo, el de los cautiverios de las mujeres de los que ellas solo pueden ser rescatadas por héroes con polla. Todo ello, eso sí, revestido de una esteticismo burgués y artificioso con el que Ozon parece querer demostrar cada segundo que es un buen director y que es capaz de convertir los deseos más brutales en exquisito producto de restaurante chic.  Algo que yo pongo en duda cuando me enfrento a relatos tan confusos y aburridos como este amante doble, por más que esté basado en un relato de mi admirada Joyce Carol Oates. Si además lo miro, como en mi caso no puedo hacer de otra manera, con las "gafas violetas" puestas, mi decepción es mayúscula. Así, vuelvo a entender cómo el mayor enemigo de la igualdad es un imaginario colectivo, alimentado por la cultura, que continúa contemplando a las mujeres como seres devaluados, más cerca de la histeria que de la racionalidad. El otro, las cautivas, las frágiles, las seducidas. Más objetos que sujetos, más amadas que amantes. 

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