
Publicado en THE HUFFINGTON POST,
2-9-13
http://www.huffingtonpost.es/octavio-salazar/don-draper-el-hombre_b_3681261.html?utm_hp_ref=spain
Durante mucho tiempo fui reacio a dejarme seducir por las series de televisión. Todo cambió una madrugada que en un programa de radio escuché a un profesor de filosofía hablando, entre otras, y muy especialmente, de MAD MEN. Me llamó la atención lo que comentó acerca de los retratos masculinos y femeninos que ofrecía la serie. Dado mi interés personal y profesional por todo lo relacionado con el género, busqué inmediatamente los primeros capítulos. Con absoluta glotonería fui devorando las cuatro primeras temporadas que ya se habían emitido. Luego esperé ansioso la quinta, como después la sexta. A estas alturas pues, no me queda más remedio que reconocer que una vez más he traicionado mis presupuestos iniciales, y seducido sin remedio, debo confesar que estoy absolutamente entregado a las peripecias de Don Draper y compañía.
Ayer mismo terminé de ver la sexta temporada en la que, tras una quinta que me pareció la más floja de todas, se han recuperado las características que más me gustan de esta serie: la densidad de sus argumentos, las múltiples aristas de sus personajes, la oscuridad incluso de muchos de ellos. Y, sobre todo, ese magnífico retrato de las identidades masculina y femenina en un momento histórico en el que los moldes empezaban a romperse y en el que se estaban iniciando transiciones que tardarían décadas en cuajar. Ahí está el personaje de Peggy para demostrarlo, como también el de Betty, la primera mujer de Don, la cual es el mejor ejemplo en las primeras temporadas de ese "mal que no tiene nombre" que tan bien explicó Betty Friedan en La mística de la feminidad.
En ese mundo de arquetipos viriles, de machos competitivos y triunfadores, de sujetos tan necesarios para el orden capitalista, es fácil encontrar dibujados con precisión todos y cada uno de los rasgos que durante siglos han servido para definir la masculinidad patriarcal. Los personajes masculinos de la serie - en paralelo, insisto, a los femeninos, porque aunque pueda parecer lo contrario MAD MEN es también una gran serie de mujeres - acumulan en su manera de ser, en sus biografías, en sus actitudes y hasta en sus palabras y maneras de vestir, el catálogo más completo que nos permite explicar las "máscaras masculinas", que diría Enrique Gil Calvo, y esa irrefutable conexión entre lo masculino, el espacio público y el ejercicio del poder.

A mí, sin embargo, lo que más me fascina de Don Draper es justamente ese otro lado que con frecuencia, y muy especialmente en la sexta temporada, vemos de él. Ese hombre que, pese al éxito, acaba siendo un ser atormentado por su pasado, por los fracasos sentimentales, por la compleja relación con su hija, por las mismas "máscaras" que él ha tenido que construirse para sobrevivir. Ese hombre al que en uno de los últimos episodios que he visto Peggy le grita: "eres un monstruo".
Draper acumula en él también todo eso que un teórico de la masculinidad ha llamado las "patologías de la omnipotencia", es decir, todas las consecuencias negativas que, tanto a nivel físico como emocional, muchos hombres sufren por no querer asumir del todo sus vulnerabilidades, su fragilidad, su necesidad de los otros. Por tener que responder constantemente ante sí mismos y ante los demás de lo que significa ser un hombre de verdad, un padre con autoridad, un individuo sin fisuras.

Octavio, veo que has caído en las redes del dueño y Sr. de la TV, que es cine de lujo para verlo en casa con una buena pantalla plana. Sólo y con la compañía de su voz en inglés américano. Me permito dejarte este link, buen verano y esperamos el final de la joya de AMC para el próximo año. Saludos
ResponderEliminarhttp://elinquietantebypass2010.blogspot.com.es/2012/11/requiem-semiotico-por-don-draper-y.html
Gracias por tu comentarios. Sí, estoy completamente abducido por Don Draper. Y así he visto los capítulos: solo en casas y en versión original. Gracias por tu link. Es muy sugerente. Prometo leerlo despacio, que tiene mucha mucha sustancia... Saludos y buen verano.
ResponderEliminarHola, Octavio, buenas tardes; yo me quedé en Los Soprano, y no creas que no lo lamento: hay mucho y bueno para ver, a tenor de las referencias. Pero ahora mismo no hay hueco para más. Intentaré probar con ésta y, si me engancho, ya sé a quien darle las quejas.
ResponderEliminarUn abrazo y hasta pronto.
... de acuerdo Manuel... Yo creo que no te va a decepcionar...
ResponderEliminarAbrazos