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LA MUJER QUE NO SE CALLA, Hildegarda de Bingen

VISIÓN, Margarethe von Trotta, 2009


Descubrí a Hildegarda a través del libro Las olvidadas, de Ángeles Caso. Desde entonces me pareció una mujer fascinante y, una vez más, una gran desconocida en unos libros de historia que continúan siendo escritos mayoritariamente por hombres. La recupero ahora gracias a la recreación cinematográfica que de su vida hizo hace unos años una directora feminista, Margarethe von Trotta, en la que la "monja sabia" tiene el rostro de la gran Barbara Sukowa. 

Hildegarda de Bingen (1098- 1179) fue una mujer apasionante porque en la época que le tocó vivir fue una auténtica revolucionaria, una rompedora de las reglas hechas por el patriarca, una pionera en la lucha de las mujeres por ser ellas mismas y tener voz propia. Todo ello, no lo olvidemos, en el contexto de una Iglesia en la que la regla era el silencio de la mitad de la humanidad: "Las mujeres deben permanecer calladas en las iglesias, pues no les corresponde a ellas hablar, sino vivir sometidas, como dice la ley" (San Pablo).


En un momento histórico en el que las mujeres no tenían más destino posible que el matrimonio o el convento, Hildegarda opta por el segundo ya que es el único espacio en el que tendrá acceso al saber, a la cultura, a los libros. En un momento de la película, por ejemplo, comenta admirada lo que se dice de sobre la biblioteca del califa de Córdoba, dotada con más de 400.000 volúmenes. Hildegarda escribió tratados científicos y de medicina, razonó sobre el cuerpo y el alma, compuso música y se rebeló en ocasiones frente a un mundo en el que el poder era monopolio masculino.  Hasta escribió sobre el orgasmo femenino, reconociendo - algo inusual en esa época - que las mujeres también podían disfrutar del acto sexual. Llegó a ser un  personaje muy influyente en la cristiandad y hasta asesoró a gobernantes. Incluso se atrevió, cuando tenía más de sesenta años, a emprender varios viajes a lo largo del Rin que la llevaron a predicar en diversos lugares, contradiciendo así el silencio que se esperaba de las mujeres en la Iglesia.

Escuchar hoy, diez siglos después, algunas de las músicas que compuso estremece y nos permite hacernos una idea del personaje excepcional que fue y de lo lamentable que es que siga siendo una gran desconocida, salvo en determinados círculos. También invita a reflexionar sobre lo poco que las mujeres han avanzado dentro de la Iglesia en estos dos siglos. Por ello, resulta tan importante reivindicar a mujeres como Hildegarda, esas olvidadas que no pudieron acceder a las universidades, que no controlaron el mundo, pero que dejaron en la historia un camino abierto que todavía hoy, cientos de años después, seguimos recorriendo.

Un ejemplo de las bellísimas composiciones de Hildegarda: 
http://www.youtube.com/watch?v=O2aKyH2NhW0

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