Ir al contenido principal

EL MACHO VELOZ

Publicado el blog MUJERES de EL PAÍS (27 de julio de 2013)
http://blogs.elpais.com/mujeres/2013/07/el-macho-veloz.html

"Virilidad: era forzoso confirmar que nuestro sexo era aguerrido, valiente, destructor. Nos exigíamos no flaquear nunca. Ser impermeables al miedo, a la duda, al temblor".
Andrés Neuman, Una vez Argentina


La masculinidad patriarcal, que pese a los muchos cambios que también los hombres hemos ido experimentado en el siglo XX sigue siendo la dominante en los patrones culturales, se apoya en la construcción de una identidad que, a su vez, se ajusta como un aguante a las exigencias del mercado y a las reglas del capitalismo. Es decir, el hombre competitivo, obsesionado por el desempeño, que no desfallece ante los problemas, que se muestra ambicioso y autoritario, es el que tiene más posibilidades de alcanzar el éxito y, por supuesto, el que con toda seguridad seguirá ocupando las posiciones de poder político y económico. Un hombre amante del riesgo, que se pone a prueba a sí mismo de manera constante, que incluso desprecia su propia integridad física en nombre de la bendición de los pares, que no duda en lanzarse a aventuras de manera imprudente e irracional. El que demuestra su hombría, "que los tiene bien puestos", en competiciones deportivas, en demostraciones absurdas de su omnipotencia y en una permanente exigencia de heroísmo mediante la cual dejar claro en las fraternidades varoniles que él cumple las exigencias del pacto. Que puede ser reconocido como un igual y que, a su vez, está capacitado para ejercer poder, y por lo tanto violencia, sobre los más débiles: no sólo las mujeres sino también aquellos hombres que, traicionando las reglas patriarcales, son unas "nenazas".

De ahí que no nos debería extrañar la presencia masiva de hombres en deportes de riesgo, su participación en rituales 'tribales' donde demuestran su fuerza y sus ansias competitivas, el afán por ser dueños de un vehículo potente mediante el que mostrarse reyes del asfalto e incluso jugar a saltarse las reglas, lo cual será aplaudido y admirado por sus pares. Unos patrones en los que, no lo olvidemos, sigue educándose mayoritariamente a nuestros niños y jóvenes.

No hay más que repasar las líneas divisorias de los juguetes dirigidos a niños y a niñas, la publicidad que insiste en convertirlos a ellos en superhéroes y a ellas en princesas de cuento u observar con detenimiento como se comportan unos y otras en el patio del colegio. A lo que podríamos añadir, por si nos queda alguna duda, la publicidad mayoritaria de automóviles que insisten en la seducción de la velocidad y en la conversión del coche casi en un atributo erótico del hombre que se siente orgullo de serlo. Baste con recordar el anuncio de hace unos meses en el que el chico protagonista hablaba con orgullo de sus posesiones, entre las que estaban un maravilloso apartamento, una chica espectacular y, claro, el cochazo que parecía ser un factor ineludible en sus logros como macho que se hace respetar.
Por todo ello, no nos debería sorprender lo que publican muchos periódicos en torno aFrancisco José Garzón Amo, el maquinista que al parecer estaba al mando del Alvia 151 cuando descarriló a tres kilómetros de Santiago de Compostela. Sin entrar en el análisis de las posibles causas del accidente -para eso ya están los/as tertulianos/as que llevan días convertidos en expertos de este tipo de sucesos-, y por lo tanto de las responsabilidades que puedan derivarse desde el punto de vista penal, lo que me ha llamado la atención es lo que este individuo tenía publicado en su perfil de Facebook, el cual fue eliminado poco después de empezar a difundirse en los medios.
Según reflejan varios diarios, en dicho perfil había colgadas diversas fotografías ycomentarios relacionados con la velocidad con la que manejaba un tren en fechas pasadas. En una de las imágenes, en la que se puede ver un velocímetro de tren que marca 200 kilómetros por hora, Garzón se jactaba de la velocidad. La foto está subida en marzo del 2012. Uno de sus amigos le advierte "chacho que vas a toda hostia frenaaaaaaa" y le comenta que "como te pille la Guardia Civil, te quedas sin puntos... jejeje". Garzón del Amo le responde en mayúsculas: "Qué gozada sería ir en paralelo con la Guardia Civil y pasarles haciendo saltar el radar, jejeje, menunda multa para Renfe... Jejeje".
Con independencia de que se trate de una broma más o menos privada, o un ejercicio desde mi punto de vista excesivamente irresponsable de la complicidad que se suele generar entre varones, lo más relevante de estas referencias, con independencia insisto de las responsabilidades que finalmente se dictamen judicialmente en el caso concreto que ha motivado estas líneas, es que dicho perfil nos da muchas pistas de cómo los hombres seguimos construyéndonos en unas dinámicas tremendamente perversas. Unas dinámicas que, en muchos casos, acaban teniendo consecuencias sobre los demás.
En este sentido, todas y todos deberíamos reflexionar por ejemplo sobre el coste social que tiene la pervivencia de un determinado modelo de masculinidad, que se traduce en violencia, en conductas de riesgo, en desprecio del diálogo. Incluso cabría analizar cuánto gasta, en términos puramente económicos, el Estado en reparar las consecuencias de ese modelo, el cual se traduce, y cito sólo tres ejemplos muy rotundos, en actividades delictivas, en accidentes de tráfico o en fracaso escolar. Es decir, debería ser una tarea urgente que las políticas de igualdad asumieran como uno de sus ejes esenciales la atención a la masculinidad, en el sentido de ir promoviendo una revisión del orden patriarcal y una construcción de lo viril de acuerdo con unos parámetros que no sólo nos harán más felices a nosotros sino que también redundarán en una sociedad más pacífica y con menos peligros para todos y todas.
El perfil del maquinista es un ejemplo más de cómo mucho de los males que nos siguen aquejando tienen que ver con la supervivencia de un patrón de lo masculino que provoca heridas en nosotros mismos y en quienes nos rodean. De ahí la urgencia de unas políticas que también nos miren a nosotros y de una revolución, la feminista, que acabe por fin instalando como valor social el heroísmo que supone asumir nuestra vulnerabilidad y la necesidad por tanto de relacionarnos tierna y cuidadosamente con los demás.





Comentarios

Entradas populares de este blog

RAFAEL HERNANDO: EL HOMBRE QUE NO DEBERÍAMOS SER.

Siempre que en algunas jornadas se plantea el interrogante sobre lo que significan las “nuevas masculinidades” – un término que a mí al menos me genera el rechazo propio de las etiquetas que no transcienden lo políticamente correcto y que en este caso incluso pueden seguirle el juego al patriarcado -, me resulta muy complicado precisar en qué consiste ser un hombre “nuevo”. Resulta mucho más fácil, como en tantos otros debates complejos, especificar lo que en todo caso no debería formar parte de un nuevo entendimiento de la virilidad, despojada al fin de lastres machistas y dispuesta a transitar por senderos en los que sea posible la equivalencia de mujeres y hombres. En este sentido, resulta tremendamente didáctico usar referentes de la vida pública para señalar justamente lo que no debería ser un hombre del siglo XXI. Un territorio, el de la vida pública, que todavía hoy está  casi enteramente poblado por sujetos que visten cómodamente el traje de la “masculinidad hegemónica” y que …

CARTA DE MARÍA MAGDALENA, de José Saramago

De mí ha de decirse que tras la muerte de Jesús me arrepentí de lo que llamaban mis infames pecados de prostituta y me convertí en penitente hasta el final de la vida, y eso no es verdad. Me subieron desnuda a los altares, cubierta únicamente por el pelo que me llegaba hasta las rodillas, con los senos marchitos y la boca desdentada, y si es cierto que los años acabaron resecando la lisa tersura de mi piel, eso sucedió porque en este mundo nada prevalece contra el tiempo, no porque yo hubiera despreciado y ofendido el cuerpo que Jesús deseó y poseyó. Quien diga de mí esas falsedades no sabe nada de amor.  Dejé de ser prostituta el día que Jesús entró en mi casa trayendo una herida en el pie para que se la curase, pero de esas obras humanas que llaman pecados de lujuria no tendría que arrepentirme si como prostituta mi amado me conoció y, habiendo probado mi cuerpo y sabido de qué vivía, no me dio la espalda. Cuando, porque Jesús me besaba delante de todos los discípulos una y muchas ve…

CARTA A MI HIJO EN SU 15 CUMPLEAÑOS

De aquel día frío de noviembre recuerdo sobre todo las hojas amarillentas del gran árbol que daba justo a la ventana en la que por primera vez vi el sol  reflejándose en tus ojos muy abiertos.Siempre que paseo por allí miro hacia arriba y siento que justo en ese lugar, con esos colores de otoño, empezamos a escribir el guión que tú y yo seguimos empeñados en ver convertido en una gran película. Nunca nadie me advirtió de la dificultad de la aventura, ni por supuesto nadie me regaló un manual de instrucciones. Tuve que ir equivocándome una y otra vez, desde el primer biberón a la pequeña regañina por los deberes mal hechos, desde mi torpeza al peinar tu flequillo a mis dudas cuando no me reconozco como padre autoritario. Desde aquel 27 de noviembre, que siento tan cerca como el olor que desde aquel día impregnó toda nuestra casa, no he dejado de aprender, de escribir borradores y de romperlos luego en mil pedazos, de empezar de cero cada vez que la vida nos ponía frente a un nuevo desa…