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UN SUICIDIO DEL ALMA


Diario Córdoba, 22-X-2012 
En apenas unas horas devoro el libro de Martha Nussbaum Sin ánimo de lucro . Por qué la democracia necesita de las humanidades, justo el día en que muchos padres y madres fueron a la "huelga" acompañando a los hijos que durante tres días no asistieron a clase. Y escribo huelga entre comillas porque difícilmente puede ejercerse tal derecho fuera de una relación laboral. Dejémoslo pues en jornada de protesta por parte de los principales sufridores de unas medidas que están llevando la escuela pública a unos niveles tercermundistas. Sin duda, el golpe que le faltaba para certificar la defunción que desde hace años vienen anunciando distintos informes que nos sitúan a la cola de todos los índices de calidad.
Sin necesidad de informes, y sin más prueba que las que me ofrece el alumnado que cada año llega a la Universidad, puedo constatar cómo en los más de 15 años que llevo impartiendo docencia ha habido un progresivo y alarmante descenso en los niveles de formación, así como en las habilidades y destrezas que se deberían haber adquirido en primaria y secundaria. Por ello siempre me ha causado cierta perplejidad escuchar ese discurso que habla de "las generaciones mejor preparadas de nuestra historia". Un discurso que, al menos en lo que afecta a todos los que han sufrido la LOGSE, dista mucho de corresponderse con el material humano que llega a unas aulas universitarias prisioneras, además, del "desastre boloñés".
Por todo ello, lo que realmente me extraña es que los padres y las madres de este país no hayamos salido mucho antes a la calle, rebelados contra la inoperancia de un sistema que, tal vez como la sociedad misma, parece primar más la mediocridad que el esfuerzo y la excelencia. Comparto el malestar ante los recortes que están provocando que en muchos colegios falten desde profesorado hasta papel higiénico, pero no entiendo cómo hasta ahora han sido tan pocas las voces que han clamado contra un sistema educativo convertido en moneda política de cambio, apoyado en las ocurrencias de pedagogos cómplices del poder y soportado por unos docentes poco valorados social y económicamente, además de hallarse entre unas Administraciones maltratadoras y unos progenitores escasamente cómplices del proceso educativo.
Resulta, pues, hasta paradójico que en un país que en general se ha tomado tan poco en serio la educación, una mujer como Martha Nussbaum se haga con el Príncipe de Asturias. La Nussbaum ha dedicado la mayor parte de su producción científica a demostrar cómo el correcto funcionamiento de la democracia ha de tener como principal aliada a la escuela. De manera más específica, ha reivindicado el papel de las Artes y las Humanidades en unos sistemas que han ido prescindiendo de ellas en beneficio de los conocimientos técnicos y de la idea de rentabilidad. De esta manera, se ha ido renunciado al fomento de un pensamiento crítico, a la capacidad de imaginación e innovación, así como a la forja de unos sentimientos morales capaces de generar lealtades cívicas. La profesora de Chicago se rebela contra la tiranía de las costumbres y la pasividad, proponiendo un modelo que desarrolle la empatía, la responsabilidad individual y la capacidad de argumentación. Es decir, pedagogía socrática frente a la docilidad y la codicia.
Por lo tanto, y sobre todo después de leer a Nussbaum, es evidente que sobran razones para salir a la calle en nombre de la educación. Pero no solo por los últimos recortes, sino porque desde hace décadas la educación en España está contra las cuerdas. Una situación de la que son principales responsables los que diseñan y ejecutan los planes de enseñanza, pero también todos los que, por acción u omisión, somos cómplices del descalabro. Tal vez sin ser conscientes de que el estado actual nos lleva, usando las palabras del Tagore pedagogo, a "un suicidio del alma", no solo de las futuras generaciones sino de la misma democracia.

Comentarios

  1. A propósito de la educación te preguntas porqué los padres no han salido a la calle todos estos años atrás. Y la respuesta es tan sencilla que alarma: porque era gratis. Y a nadie le han preocupado realmente los contenidos que se impartían ni los aspectos ideológicos que los atravesaban. Es realmente abrumadora la ignorancia que nuestros jóvenes van adquiriendo desde los primeros niveles educativos: que un niño de primero de ESO o de lo otro no sepa dónde está Teruel pero que a cambio te diga como una cotorra que Blas Infante es el padre de la patria andaluza. A los que protestamos contra estas cosas se nos identifica con peligrosos derechistas.

    Y el problema va más allá de los primeros niveles educativos, porque como bien debes saber la Universidad es un gigantesco depósito de ignorancias. Y las faltas no son sólo achacables a los alumnos; hay también mucho profesor mediocre o abiertamente malo. Pero claro, con tanta Universidad por metro cuadrado que tenemos en España es lógico que entre de todo a enseñar lo que sea. Con la Universidad ha pasado algo similar a lo que ha ocurrido con las Agencias Públicas; mucho chiringuito y poco resultado. Y creo que la baja valoración social de los docentes tiene mucho que ver con eso, con que mucha gente percibe a las universidades como chiringuitos. Sobre la valoración económica estoy en desacuerdo y más en un país donde el salario mínimo no llega a 650 euros.

    Te quejas, y lo comparto, de que “se ha renunciado al fomento de un pensamiento crítico”. Es más, se ha subvencionado muy generosamente un “pensamiento único”, que curiosamente no es el “neoliberal” contra el que todo el mundo grita, sino el del “género”, la “sostenibilidad”, el “multiculturalismo”, la “innovación”, la “memoria histórica”, el “guerracivilismo”, etc. Y todos estos conceptos coinciden en una cuestión fundamental: son falsos. Y lo son porque se han generado para el juego político, y no realmente para lo social.

    Hablas de oponerse a la docilidad y a la codicia desde posturas pedagógicas socráticas. Pero para ejercer una pedagogía socrática necesitamos gente con el espíritu de Sócrates –condenado por impío y corruptor de la juventud-, es decir, personas de espíritu agnóstico y rompedor de verdades establecidas: “la educación es la inflamación de una llama, no el relleno de un recipiente”. Para mí que de éstos, en la Universidad, hay muy pocos.

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  2. Bueno, Ricardo, comparto buena parte de lo que dices, pero no en su totalidad. Por supuesto que en la Universidad hay mucho profesor mediocre y mucho malo, como en todos sitios. Por supuesto que es una barbaridad que haya universidades en cada esquina, casi... Cuando quieras hablamos de la Universidad de la que yo, por supuesto, soy hipercrítico. Pero en mi artículo no hablaba de ella. Hablaba del sistema de enseñanza obligatoria, al hilo de las manifestaciones y huelga de los padres y las madres.
    No estoy de acuerdo en lo del pensamiento único como lo del género o lo del multiculturalismo... Si al menos fuera eso... Es que los chicos que llegan a la Universidad ni siquiera saben eso que tú dices que ha formado el pensamiento único... En definitiva, lo que creo es que el sistema público de enseñanza hace décadas que hace aguas, desde arriba hasta abajo. Y me asombra que antes los papás y mamás no salieran a la calle. Y créeme sé de lo que hablo: mi padre es maestro y la madre de mi hijo es maestra. Por lo tanto me conozco muy bien el contexto. Y sí, creo que es necesario reivindicar lo que plantea Nussbaum, pero eso supone darle la vuelta a todo, empezar casi desde cero y, por supuesto, darle tb la vuelta al modelo universitario que tenemos.. En fin, esto da para un debate largo largo... que me encantaría mantener contigo.
    Y coincido con tu final: en la Universidad hay muy poca gente con espíritu socrático. Y quien es así es apartado, ninguneado o maltratado. Se ha impuesto la docilidad y la codicia, también. Y sé de lo que hablo. Por experiencia propia.
    Ah... y sí, yo creo que en general en este país los docentes, de cualquier nivel, están poco valorados social y económicamente... Una hora de una mujer, o un hombre, fregando suelos se paga más que una hora de trabajo de un docente. Y eso es terrible. Creo yo.

    Gracias por aportar y por el debate. Seguimos...

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  3. Lo que pasa con la educación es sólo un reflejo concreto de un problema más amplio. La cuestión es, aunque ya suena a viejo, que dimos un paso definitivo del ser al tener; ahora somos porque tenemos, y somos lo que tenemos; el que tenga, claro. Y eso ha cambiado nuestra propia percepción sobre cuales son nuestras obligaciones. Entre ellas, la primera, como seres racionales, es la de pensar. Pero esto ha pasado de moda. Por ello, para mí, esto del género, el multiculturalismo, y otros conceptos de este jaez son huecos. Porque se ha eliminado la tarea del pensar y tras ella el valor de elegir. Se tomó una decisión política con respecto a ello, y en virtud de lo políticamente correcto, se ha aceptado. Con todo, no deja de ser otro reflejo concreto del mismo problema general.

    “El hecho de percibir –y de aceptar dentro de sí- ideas eternas que sirvieran al hombre como metas era llamado, desde hacía mucho tiempo, razón.
    Hoy, sin embargo, se considera que la tarea, e incluso la verdadera esencia de la razón, consiste en hallar medios para lograr los objetivos propuestos en cada caso” (Max Horkheimer, “Crítica de la razón instrumental”, Prefacio de la Segunda Edición Alemana, 1967).

    Esta cita describe adecuadamente el marco general de lo que nos pasa. Aplicado a la educación se ve con claridad. Nuestro sistema educativo y los contenidos que lo nutren cambian casi cada vez que cambia el Gobierno. Bueno, sin casi.

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