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LOS DESCENDIENTES

La nueva película de Alexander Payne me ha decepcionado, aburrido y, por momentos, hasta cabreado. Ese retrato de una familia "pija" hawaiana en un momento de crisis, con el padre como eje de referencia, me parece más cerca de un telefilme bienintencionado que de la película profunda que algunos nos quieren vender.
El punto de partida es interesante y la historia podría haber funcionado bien como análisis de un hombre que, llegados los 50, se mira en el espejo y cuestiona su rol como padre e incluso, más allá, como hombre heredero de una larga estirpe de patriarcas. Sin embargo, la película tiene un un tufillo moralista que la hace insoportable, además de un cierto tono "machista"  - y patriarcal - que no debería pasar desapercibido. Todo el discurso en torno a la infidelidad de la mujer rezuma una mirada muy masculina sobre las pasiones, el amor o el matrimonio. De nuevo aparece la Eva que traiciona, que rompe las reglas y que arrastra al fracaso. Y, de rebote, la mujer paciente y fiel, comprensiva y buena "samaritana", que es incluso capaz de perdonar en el lecho de muerte a la que había sido amante de su marido. Se nota que la historia la han escrito, dirigido y protagonizado unos hombres muy "patriarcales" y que la novela en que se basa está escrita por una mujer, como mínimo, poco "feminista".

El otro problema de la película, al menos para mí, es George Clooney. No me creo esas miradas que intentan mostrar turbación, ni esas lágrimas forzadas, ni ese gesto de hombre al que le han quitado el suelo que pisaba bajo los pies. No puedo evitar pensar que, a la escena siguiente, va a entrar en una tienda de cafeteras y que John Malkovich va a darle una buena hostia. Quizás con otro actor el personaje habría dado un vuelco. Aunque creo que el problema es una de historia excesivamente moralista, añeja y pretendidamente moderna. Una fábula con moraleja de esas que tanto le gustan a unos americanos muy liberales en lo económico pero muy reaccionarios en lo moral.

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