Los Karenin, marido y mujer, seguían viviendo en la misma casa y se veían a diario; pero eran completamente extraños entre sí Termina Agosto y con él llego al final de ANA KARENINA, el novelón que empecé a releer gracias a que una tarde de verando, en LA VENTANA de la SER, me hicieron volver a unas páginas que sólo recordaba vagamente. La empecé a releer en un tren, mirando al Norte, y la he terminado en el Sur, al borde de una piscina, cuando las tardes de agosto empiezan a ser más cortas y una ligera brisa hace que te dé frío cuando sales del agua. La monumental novela de Tólstoi no es simplemente una historia de amor romántico y ni siquiera el retrato de una de esas mujeres que acaban siendo prisioneras de su pasión. Es mucho más que todo eso. Es el retrato de un país, de una época que anunciaba cambios, de una sociedad y, sobre todo, es un lúcido análisis de las turbulencias del amor y la familia. Algo que ya predice la célebre frase de su comienzo: "Todas las familias fe...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez