Siempre me temo lo peor cuando un cineasta masculino se adentra en los territorios de la maternidad y construye un relato, lógicamente desde su mirada, sobre las complejidades de la subjetividad femenina. En pocas ocasiones, que yo recuerde, el resultado ha sido sugerente. Al contrario, abundan los tópicos y los estereotipos, el imaginario consolidado durante siglos por el patriarcado e incluso cuando se pretende ser subversivo – ahí está por ejemplo el caso de Xavier Dolan – se acaba reiterando aquello que parecía rechazarse. Yo, como hombre, me declaro incapaz de captar todos los laberintos que implica personal y socialmente la maternidad. Siento que mi mirada siempre va a estar mal enfocada y va a estar condicionada por mi posición de privilegio. Algo que tuve claro desde que leí el indispensable Nacemos de mujer de Adrienne Rich. Justamente esa torpeza es la que vuelve a demostrar Michel Franco en su última película, Las hijas de Abril, en la que nos cuenta la historia de una ...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez