Hay algunas cosas que me gustan de la última película de Jaime Rosales y otras muchas que no. Supongo que, en general, lo que menos me gusta de Girasoles silvestres es que me da la impresión de que ha querido retratar unas realidades que solo conoce de oídas, y ni siquiera la presencia de Bárbara Díez en el guion ha conseguido rematar con éxito con la faena. Una historia que podría haber sido un retrato lúcido sobre las masculinidades del siglo XXI y, sobre todo, de cómo vivimos el divorcio entre esos hombres que las mujeres buscan y que todavía no existen, y esas mujeres que muchos hombres persiguen y que ya no existen. Sin embargo, esta especie de fábula moral contada en tres episodios, identificados con los tres hombres que pasan por la vida de la protagonista, no consigue inquietarnos, interpelarnos y. mucho menos emocionarnos, porque se nutre de una sucesión de clichés, de tensiones dramáticas cargadas de artificio y de, en general, una mirada de hombre que parece ha...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez