Hace unas semanas Daniel Innerarity, uno de los pensadores más brillantes de nuestro país, nos advertía de que uno de los mayores problemas de la izquierda era su incapacidad para plantear un discurso alternativo al de las libertades individuales, tan exitoso para la derecha y tan acomodado a un modelo económico cuya referencia es nuestro ombligo. Ese agujero en el que flotan aparentemente felices nuestras ansias de consumo, nuestros deseos siempre por satisfacer y el horizonte limitado que adivinamos a través de nuestras anteojeras. En fin, todas esas marcas de fábrica que nos igualan en la estupidez y en el ansia de empoderarnos, tal y como nos educa el sistema. Frente a la exaltación de nuestra sagrada libertad, prima hermana de la propiedad, y por tanto irremediablemente condicionada por las desigualdades socio- económicas y culturales que nos atraviesan, pareciera que desde posiciones supuestamente progresistas no hubiera otra opción que prescribir compo...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez