Tal vez no he sido tan consciente del paso del tiempo, en el sentido más agónico del atérmino, como cuando hace unas semanas recibí una atenta carta de la Consejería de Salud de mi Comunidad autónoma en la que, al constarles que ya había llegado a los 50, sería conveniente que me hiciera un análisis para descartar el cáncer de colon. Una carta en la que, como si fuera un niño pequeño, me daban todo tipo de instrucciones y facilidades para que, obediente, pasara por el control médico. Algo que a mí siempre, como hombre que sigue aferrado a su masculinidad omnipotente, me ha supuesto un ejercicio incómodo de superación. Yo también soy de esos hombres, y me consta que somos muchos, miedosos ante la enfermedad, cobardes ante las agujas y, lo que es peor, en batalla continua frente a la necesidad de autocuidado que siempre hemos entendido como una especie de menoscabo de nuestra virilidad. Sin embargo, cuando pasas la barrera de los 50, múltiples señales, incluida la publicidad en la ...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez