Con demasiada frecuencia puede parecer que la lucha de las mujeres por la igualdad, y que incluso las propuestas teóricas y vindicativas que conlleva el feminismo, están reñidas con la alegría y, no digamos, con el sentido del humor. Estamos tan habituados a poner el énfasis en la condición de víctimas de las mujeres que hasta en ocasiones me temo que el patriarcado usa esta dimensión como una estrategia más para reinventarse a través de miradas paternalistas. Por supuesto que es necesario tener presente, analizar con rigor y trabajar para superar las terribles discriminaciones que han sufrido y sufren las mujeres, pero no es menos cierto que deberíamos subrayar mucho más su reconocimiento como agentes, su valor como seres autónomos y, en íntima conexión con ello, la enorme alegría que supone vivir el feminismo como una ética emancipadora. Algo que le añade sin duda una épica que nada tiene que ver con el heroísmo tradicionalmente monopolizado por los varones. Por todo ello, y des...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez