Ir al contenido principal

TODAS Y TODOS SOMOS RITA MAESTRE

El juicio a Rita Maestre vuelve a poner de manifiesto lo mal que en nuestro sistema jurídico hemos resuelto las relaciones con el hecho religioso. Es decir, lo injusto del proceso nos demuestra una vez más lo cuestionable de unas reglas que responden más a una lógica confesional que a la que debería ser la propia de un Estado constitucional como el nuestro. La persecución penal de cualquier ciudadano o ciudadana por ofender los sentimientos religiosos debería haber desaparecido de nuestro ordenamiento hace mucho tiempo. La ofensa, como parece obvio, solo puede medirse en término subjetivos y, por lo tanto, no debería constituir la base de un tipo penal que, en consecuencia, está sometido a una dificultad probatoria más que evidente. Más allá de las acciones que impliquen violaciones de derechos fundamentales, o que inciten a ellas o más concretamente a la discriminación, un ordenamiento democrático no debería sancionar, y mucho menos con la carga que supone una pena, las que no son sino manifestaciones de un derecho esencial: la libertad de expresión. Una libertad que, precisamente, ampara y legitima que cualquiera de nosotros pueda opinar y defender las posiciones que considere oportunas, por más que las mismas puedan herir la sensibilidad de quienes no estén de acuerdo con ellas. A mí por ejemplo me hieren cada día las frecuentes manifestaciones machistas que veo a mi alrededor, en muchos casos procedentes de los representantes de la jerarquía eclesiástica, y no por eso decido denunciarlos porque han ofendido mis convicciones feministas.  Es decir, no creo que el penal sea el escenario en el que una sociedad democrática deba resolver los inevitables conflictos que provoca el sano pluralismo. Es en el mercado de las ideas, y por lo tanto políticamente, como se deberá gestionar la diversidad y los naturales roces que supone vivir en un contexto en el que cada uno debe defender el derecho del otro a opinar lo contrario. 

Por otra parte, y yendo al contexto concreto en el que se produjo la acción reivindicativa de Maestre que dio lugar a la acusación contra ella, la gran cuestión que este país debería asumir de una vez por todas es la de la gestión pública del hecho religioso. Es decir, lo verdaderamente cuestionable del asunto es que no nos cuestionemos en serio la existencia de una capilla católica en el recinto de una universidad pública. Ese es el verdadero meollo, político y jurídico, que en este país ningún partido, me temo, se atreve a enfocar desde el deseable laicismo. En este sentido, todas y todos los que de verdad nos sentimos demócratas deberíamos haber ido de la mano de Rita y poner el grito en el cielo ante una realidad que sigue siendo confesional y que, por lo tanto, contradice no solo la necesaria separación Iglesia-Estado sino que, en paralelo, rompe con el principio de igualdad. 

En consecuencia, todas y todos los que pensamos que en este país deberíamos hacer una de las transiciones pendientes, la que nos lleve de un Estado "de confesionalidad encubierta" a un Estado laico, hemos sido y somos el cuerpo desnudo de Rita, la voz que en su día reivindicó igualdad y pluralismo, la que hoy es juzgada por entender que sus convicciones pueden herir la sensibilidad de quienes no piensan como ella. Todo ello por no entrar en las muchas consideraciones que habría que realizar sobre cómo esta sociedad tan machista extiende su mirada patriarcal sobre el uso de la libertad de la que en casos como éste hacen gala las mujeres. Una libertad que, incluso, les puede llevar a jugar a su favor con el uso expresivo de un cuerpo que el patriarcado solo entiende desde el dominio erotizado. Por lo tanto, todas y todos deberíamos habernos desnudado con ella para dejar en evidencia una estructura jerárquica que se resiste a asumir la lógica de los derechos fundamentales y que, por supuesto, mal tolera que mujeres poderosas pongan al descubierto las miserias que los jerarcas mal disimulan. Una estructura que, no lo olvidemos, sigue siendo subvencionada públicamente y  hasta amparada, como estamos viendo, por unas normas penales que en vez de proteger a los más débiles parecen que a menudo protegen los intereses de los que siempre han ocupado los púlpitos.

Publicado en THE HUFFINGTON POST, 19 de febrero de 2016:
http://www.huffingtonpost.es/octavio-salazar/todas-y-todos-somos-rita-_b_9263992.html


Comentarios

  1. Yo no soy Rita Maestre. Que aprenda a protestar correctamente primero y luego volvemos a discutir.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

RAFAEL HERNANDO: EL HOMBRE QUE NO DEBERÍAMOS SER.

Siempre que en algunas jornadas se plantea el interrogante sobre lo que significan las “nuevas masculinidades” – un término que a mí al menos me genera el rechazo propio de las etiquetas que no transcienden lo políticamente correcto y que en este caso incluso pueden seguirle el juego al patriarcado -, me resulta muy complicado precisar en qué consiste ser un hombre “nuevo”. Resulta mucho más fácil, como en tantos otros debates complejos, especificar lo que en todo caso no debería formar parte de un nuevo entendimiento de la virilidad, despojada al fin de lastres machistas y dispuesta a transitar por senderos en los que sea posible la equivalencia de mujeres y hombres. En este sentido, resulta tremendamente didáctico usar referentes de la vida pública para señalar justamente lo que no debería ser un hombre del siglo XXI. Un territorio, el de la vida pública, que todavía hoy está  casi enteramente poblado por sujetos que visten cómodamente el traje de la “masculinidad hegemónica” y que …

CARTA A MI HIJO EN SU 15 CUMPLEAÑOS

De aquel día frío de noviembre recuerdo sobre todo las hojas amarillentas del gran árbol que daba justo a la ventana en la que por primera vez vi el sol  reflejándose en tus ojos muy abiertos.Siempre que paseo por allí miro hacia arriba y siento que justo en ese lugar, con esos colores de otoño, empezamos a escribir el guión que tú y yo seguimos empeñados en ver convertido en una gran película. Nunca nadie me advirtió de la dificultad de la aventura, ni por supuesto nadie me regaló un manual de instrucciones. Tuve que ir equivocándome una y otra vez, desde el primer biberón a la pequeña regañina por los deberes mal hechos, desde mi torpeza al peinar tu flequillo a mis dudas cuando no me reconozco como padre autoritario. Desde aquel 27 de noviembre, que siento tan cerca como el olor que desde aquel día impregnó toda nuestra casa, no he dejado de aprender, de escribir borradores y de romperlos luego en mil pedazos, de empezar de cero cada vez que la vida nos ponía frente a un nuevo desa…

MEDEA, LA AMANTE QUE GRITA.

Medea es Aitana y Aitana es Medea. La actriz interpreta a la amante despechada, a la "mala madre", a la hechicera que es víctima de un mundo de hombres, con cada centímetro de su cuerpo: desde los dedos de los pies descalzos hasta el último cabello de su cabeza Aitana es Medea. Desde la dulzura del cuento se eleva al grito del drama y lo hace dejando que el cuerpo exprese todas las emociones. No solo la voz, sino también los brazos, las piernas, la espalda, el vientre, todo ella se hace mujer desgarrada para explicarle al público, ese coro silencioso, los argumentos de su dolor.
La Medea que, partiendo del texto de Séneca, ha hecho Andrés Lima es más mujer que mito y eso lo subraya Aitana Sánchez Gijón con una interpretación en la que se sitúa a una altura humana. A diferencia de la recreada por Plaza y Molina Foix hace un par de años en Mérida, y en la que Ana Belén parecía más que Medea una gran dama del teatro disfrazada de diosa, en esta puesta en escena nos encontramos c…