Ir al contenido principal

FILMOTECA PARADISO

Las fronteras indecisas
Diario Córdoba, 22-12-2014

Cuando disfruté por primera vez de Cinema Paradiso no era consciente de que la película de


Tornatore acabaría siendo parte de mi memoria sentimental. Tampoco entonces podía imaginar que la nostalgia que encierra la historia podría ser en algún momento parte de mi presente. Los años, sin embargo, han hecho que me sienta como el Totó adulto que vuelve a su pueblo y contempla los escombros del cine en el que aprendió que, además de racional, era un ser que no podía sobrevivir sin las emociones. Ese desgarro, mediante el que uno siente que le arrebatan parte de su propia historia, es el que yo he ido sintiendo cada vez que cerraban una sala de cine, primero en mi pueblo y luego en Córdoba. Lugares en los que me he ido sintiendo huérfano y desvalido al perder espacios donde reconocerme y reconocer a los otros, en los que cada día es más difícil es soñar con paraísos posibles.

En el desierto inhóspito de una ciudad que es capaz tanto de enamorarte como de helarte el corazón, tenemos sin embargo la suerte de poder refugiarnos en un oasis que, muy especialmente en los últimos años, ha dado un magnífico ejemplo de cuál debería ser el papel de lo público en la garantía del derecho de acceso a la cultura. La Filmoteca de Andalucía se ha convertido en un lugar en el que no solo podemos ser espectadores sino también ciudadanos. Es decir, hombres y mujeres que hablan, debaten, analizan, piensan, participan, sienten. Seres activos y comprometidos con lo colectivo, únicos y al mismo tiempo iguales, parte a su vez de grupos diversos que reflejan el pluralismo social y político que es el verdadero nervio democrático.
Todo arte es político y el cine no es lo menos. Tal vez sea el que tiene mayor capacidad de movilización y compromiso, porque es capaz de penetrar más incisivamente hasta el fondo de los laberintos humanos. Y desde ahí nos pregunta, nos inquieta, nos remueve cimientos y, por supuesto, nos hace gozar tanto en la alegría como en el drama. Mediante las películas, y muy especialmente cuando las compartimos en una sala a través de lo que acaba siendo una especie de ceremonia o ritual cívico, nos construimos y reconstruimos, saltamos del yo al nosotros y al ellos, nos indignamos y nos armamos de valor. Y todo eso debería ser parte ineludible de una educación para la ciudadanía sin la que la democracia está herida de muerte.
La Filmoteca, que ahora cumple 25 luminosos años, satisface con creces ese papel al que lamentablemente han renunciado otras instituciones. Y lo hace además no desde la verticalidad jerárquica, tan masculina, sino desde una concepción muy horizontal de los espacios que son de todas y de todos, no del político/a de turno. Todo ello al tiempo que suple las carencias afectivas que muchos sufrimos en esta ciudad sin cines. De esta manera, la institución que ahora lleva con mano tierna Pablo García Casado, ese hombre que si no existiera habría que inventarlo, se ha convertido en una especie de útero al que algunos volvemos cuando sentimos que nos han cortado el cordón umbilical que nos conectaba con la energía transformadora de la cultura. En definitiva, un paraíso que nos reconcilia con las posibilidades de una Córdoba tan hosca a veces y en el que resulta fácil reencontrarse con la magia. Como si después de pasear por las frías calles, huyendo de los villancicos, fuera posible sentarse en la sala Val de Omar y, como Totó, llorar una vez más viendo los besos robados por quienes siempre han tenido miedo de la energía revolucionaria que habita en el amor y la libertad.

Comentarios

Entradas populares de este blog

CARTA A MI HIJO EN SU 15 CUMPLEAÑOS

De aquel día frío de noviembre recuerdo sobre todo las hojas amarillentas del gran árbol que daba justo a la ventana en la que por primera vez vi el sol  reflejándose en tus ojos muy abiertos.Siempre que paseo por allí miro hacia arriba y siento que justo en ese lugar, con esos colores de otoño, empezamos a escribir el guión que tú y yo seguimos empeñados en ver convertido en una gran película. Nunca nadie me advirtió de la dificultad de la aventura, ni por supuesto nadie me regaló un manual de instrucciones. Tuve que ir equivocándome una y otra vez, desde el primer biberón a la pequeña regañina por los deberes mal hechos, desde mi torpeza al peinar tu flequillo a mis dudas cuando no me reconozco como padre autoritario. Desde aquel 27 de noviembre, que siento tan cerca como el olor que desde aquel día impregnó toda nuestra casa, no he dejado de aprender, de escribir borradores y de romperlos luego en mil pedazos, de empezar de cero cada vez que la vida nos ponía frente a un nuevo desa…

YO, LA PEOR DEL MUNDO

"Aquí arriba se ha de anotar el día de mi muerte, mes y año. Suplico, por amor de Dios y de su Purísima Madre, a mis amadas hermanas las religiosas que son y en lo adelante fuesen, me encomienden a Dios, que he sido y soy la peor que ha habido. A todas pido perdón por amor de Dios y de su Madre. Yo, la peor del mundo: Juana Inés de la Cruz".

Mi interés por Juana Inés de la Cruz se despertó el 28 de agosto de 2004 cuando en el Museo Nacional de Colombia, en la ciudad de Bogotá, me deslumbró una exposición titulada "Monjas coronadas" en la que se narraba la vida  y costumbres de los conventos durante la época colonial. He seguido su rastro durante años hasta que al fin durante varias semanas he descubierto las miles de piezas de su puzzle en Las trampas de la fe de Octavio Paz. Una afirmación de éste, casi al final del libro, resume a la perfección el principal dilema que sufrió la escritora y pensadora del XVII: "Sor Juana había convertido la inferioridad que e…

PROSTITUCIÓN: La revuelta de los "pichis"

El que se sentó el sábado pasado en la segunda fila del Teatro Español para ver el último montaje de Andrés Lima es un hombre. Un tipo que, en aquellos años en que fue hetero, nunca fue de putas, pero sí que mantuvo el silencio cómplice con los colegas que lo hacían. Con aquellos que lo invitaron a una despedida de soltero en un prostíbulo de las afueras de su ciudad. Con los que habitualmente hacían bromas al contar sus batallitas sexuales y se llamaban entre ellos “hijo de puta”, como si fuera una especie de pasaporte que permitía entrar a formar parte de la fratría. El que fue sacudido por la oleada de emociones a las que Carmen Machi, Nathalie Poza y Carolina Yuste dotan de vida es un tío que, supongo que como todos, anda algo desnortado en estos tiempos del #MeToo y de reacción neomachista. El que escuchó el intenso debate entre Amelia Tiganus y Virginie Despentes, ese que cuando se plantea en la Universidad provoca iras y pancartas, es un padre que no se atrevería a afirmar que…