Recorro los días violetas de abril con el diario de Juan Bernier en mi mochila. Me acompaña en el avión que me lleva a Palermo, en el tren que me acerca a Sevilla, en las camas de hoteles donde imagino pasiones que susurran las almohadas. Mientras que el Sur vuelve a su performance politeísta de cada primavera, me dejo llevar por sus palabras dolientes y hermosas. Vuelvo con él a la Córdoba de las miserias y de los paseos oscuros, a la ciudad de las campanas y los rumores, a la posguerra española de "sospecha, miedo y muerte", al corazón herido del que siente de otra manera. Turbulentos días del que se esconde, del que se fustiga, del que siente la llamada blanca de las acacias. "Alma retorcida de callejas y lupanares" que parece no entender otro lenguaje que el de la belleza. Las palabras húmedas, como hierbas mojadas que amanecen, me hablan del dolor de la diferencia, del peso de los silencios humillantes, de las jerarquías marcadas por los vencedores. Con ellas r...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez