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LOS 70 AÑOS DE ANA BELÉN

Nunca imaginé, en aquella adolescencia de pueblo en la que descubrí     a Ana Belén, que me acompañaría a lo largo de mi vida y que llegaría un día, en otro siglo, en el que la vería cumplir 70 años. Y no retirada de los escenarios, ni huida de los focos como una diva atormentada, sino más entregada que nunca a las tablas en las que Pilar – perdón, Ana – se liberó felizmente de Zampo. Cuando me la encontré en los vinilos que había en casa de mis tíos, cantándole al hombre del piano y a un Brasil de músicas infinitas, las mujeres de 70 que yo había conocido no brillaban en lo público, ni ocupaban portadas, ni resultaban atractivas para la mayoría. Para mí, y para la sociedad de entonces, las que llegaban a esa edad tenían más que ver con las abuelas cuidadoras y resignadas, con las señoras de moño bajo y muchos silencios, con las solteronas que se habían quedado para vestir santos o con, en el mejor de los casos, mujeres solas que habían pagado un alto precio por su independenc...

EL OLVIDO QUE SEREMOS: La Cecilia que no olvidaré

La lectura de E l olvido que seremos fue para mí una de esas experiencias que solo en algunas ocasiones convierten un libro en un viaje con el que yo, lector hambriento siempre, recorro geografías de mí mismo. Quizás tuvo que ver con ello que todavía tenía recientes mis dos estancias en Colombia y la revolución emocional que supuso para mí sentirme parte de un país en el que intuí que había una parte de mí que había crecido en Medellín o en Cartagena, y que en  algún momento tendría que volver a recuperarla. Como un tesoro que uno deja escondido en una caja fuerte a la espera de un momento vital en el que sea posible encontrar la combinación que la abre. Conocer la vida personal, y política, del doctor Héctor Abad, a través de los ojos enamorados de su hijo, me llevó también a una aventura relacionada con mi mismo lugar como padre y como hijo, como profesor universitario agobiado en las paredes de mi vetusta Facultad, como ser vulnerable que anda también obsesionado por la belleza....

¿ADIÓS AL TRONISTA?

Después de 13 años en antena,  Mujeres, hombres y viceversa   llegó a su final hace unas semanas. El programa que durante años mantuvo altos niveles de audiencia y que provocó tantas críticas por la reproducción de roles y estereotipos sexistas, ha marcado toda una época en la que, mientras el feminismo iba ganando terreno y consenso social, se consolidaba una cultura pornificada, alimentada por las múltiples pantallas mediante las que hoy nos exhibimos y miramos a los otros. No es que el programa inventara el personaje que todos ahora identificamos como tronista, y que más bien responde a una larga tradición de hipermasculinidad que a lo largo del tiempo se ha encarnado en diferentes formas, pero sí que en dicho espacio se subrayaron pautas y estilos para reinventar al chulo de toda la vida. Ese hombre que se expresa a través de una determinada estética e indumentaria, reproducida a su vez por personajes tan mediáticos como     jugadores de fútbol o cantantes de mod...

LA MADRE DE MI HIJO, EL HIJO DE MI MADRE

  “De todas las responsabilidades que asume el ser humano, la de tener hijos es, probablemente, la mayor y más decisiva. Darle a alguien la vida y hacer que esta prospere es algo que involucra al ser humano en su totalidad. En cambio, rara vez se habla de la responsabilidad de ser hijos ”. Jesús Carrasco   Hace unos días, al terminar  Llévame a casa , la hermosa y emocionante novela de  Jesús Carrasco ,  se me cogió un enorme pellizco por dentro, de esos que parecen nacerte en el estómago y van subiendo poco a poco hasta ocuparte el pecho. Al ponerme en la piel de Juan, ese hombre que, tras pasar buena parte de su vida solo pensando en su realización personal (profesional), toma conciencia de las responsabilidades que le corresponden como hijo, no pude evitar mirarme a mí mismo en el espejo del sujeto privilegiado que soy y sentirme interpelado por la novela. Una llamada que no es panfletaria, ni se vale de lo políticamente correcto, sino a la que le basta ...

VACUNAS: La alegría contagiosa de lo público

La alegría es contagiosa. Cuando la compartimos se multiplica, como si fuera un milagro humano, sin intervención divina, que nos reconcilia con los rostros esperanzados, con los cuerpos frágiles que nos igualan, con el baile que agita nuestra piernas cuando celebramos en comunidad.  En estas semanas, en las que empezamos a sentir lentamente que no habrá otro abril robado, me ha llegado tal vez más que nunca esa energía potenciadora de la alegría, de la que es colectiva y por tanto política, de la que nos reconcilia con el sentido ético del bien común. Y no solo porque haya sentido como un calambrazo al saber que mis padres se vacunaban, sino porque no dejado de ver en las redes sociales, ese espacio con frecuencia tan airado e incómodo, a muchas mujeres y a muchos hombres, la mayoría en esas franjas de edad que los sitúan en las afueras, compartir el entusiasmo que les generaba un simple pinchazo. Ese que para el resto, los que seguimos a la espera, es como una especie de paliativo...

UNA JOVEN PROMETEDORA: La fuerza política de la ira de las mujeres

  En esta cuarta ola feminista , que más que ola es un tsunami, hemos ido asistiendo a distintas fases de concienciación, compromiso y acción. Después del efecto global de campañas como la del #MeToo, de la progresiva conciencia social generada ante las violencias machistas y de la lenta pero no pausada ruptura de tantos silencios, tengo la sensación de que, sin que todavía estemos en condiciones de abandonar las fases previas, empezamos a detectar señales que nos indican que las mujeres dan un paso cualitativo hacia delante. Un paso que tiene que ver con el abandono del estatus de víctimas y de una cierta prudencia democrática que supone adaptarse a las reglas del juego y esperar de ellas soluciones. Un salto más bien en el que de jodidas supervivientes las empezamos a ver como lideresas de su propio destino. Del arco completo que va de su cerebro a los pies, pasando por la vagina y por el pecho. Algo que, me temo, inquieta e incluso atemoriza a tantos hombres acostumbrados a la d...

OTRA RONDA DE HOMBRES EN CRISIS

  No soy danés, no soy profesor de instituto, no estoy casado, no me llamo Martin, pero sí que me reconozco en su mirada y en su precipicio. El protagonista de   Otra ronda , multiplicado en sus tres colegas de fratría,     es, como yo, un hombre de mediana edad, que se supone que ha conquistado el estatus que desde pequeño le inculcaron como referente y que, sin embargo, se halla perdido y desubicado. Un hombre con la brújula rota que, recién empezada la película, le pregunta a su mujer si se ha vuelto aburrido. Un hombre al que parece que le da vergüenza mostrar los pasos de baile que un día aprendió. Uno de tantos que, en este siglo del feminismo global y de la mujeres que ya no se callan, nos hallamos en el laberinto que supone ser fieles a los mandatos de género aprendidos y, al mismo tiempo, ser conscientes de que estamos gracias a ellos metidos en una jaula.   La nueva película de  Thomas Vinterberg  nos habla de muchas cosas que tiene que ver c...