Desde hace algunos años no necesito el informe PISA para certificar el pobre nivel formativo con que llega el alumnado a la Universidad. Cada curso compruebo cómo los chicos y las chicas que llegan a mi Facultad a duras penas saben expresarse oralmente y por escrito, cómo carecen de buena parte de los conocimientos de eso que antes se llamaba «cultura general» y, en consecuencia, no dejo de preguntarme cómo han superado el bachillerato y la selectividad. Todo ello por no hablar del escaso interés que en general muestran por todo lo público, de lo difícil que es mantener su atención más del tiempo que dura un videoclip o de lo complicado que les resulta construir argumentaciones que superen los 140 caracteres. Es decir, no hace falta convocar un comité de expertos para comprobar la carencia de habilidades y destrezas, así como de unas actitudes mínimas para ser partícipes activos de un proceso de aprendizaje tan lleno de aristas como es el de las Ciencias Jurídicas. Creo, sin embar...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez