La atención mediática generada por la compra de un bebé por Ana García Obregón nos ha vuelto ha poner de manifiesto cómo en nuestro país la eufemísticamente denominada “gestación por sustitución” (GS) se halla en un laberinto jurídico que, de hecho, no hace sino amparar que el mercado se mueva a sus anchas y que los derechos de las mujeres y de los menores de edad queden sometidos a los dictados de quienes perciben sus deseos como derechos. Un ejemplo rotundo y dramático de cómo patriarcado y neoliberalismo se alían como primos hermanos, de tal manera que la brecha de género sumada a la de clase provoca nuevas víctimas entre las de siempre. Si efectivamente, como bien ha argumentado nuestro Tribunal Supremo, la práctica de la GS atenta contra derechos fundamentales de las mujeres y de los menores de edad, la única respuesta constitucionalmente admisible en nuestro ordenamiento sería la prohibición de este tipo de contratos, con las consiguientes consecuencias pen...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez