Si algo tengo claro tras años de aprendizaje es que el feminismo es una propuesta crítica y transformadora del orden establecido, es decir, de las estructuras de poder patriarcales y de la cultura machista que las nutren. Las vindicaciones feministas encierran pues una lógica revolucionaria, de desmantelamiento de unas reglas del juego hechas a imagen y semejanza de los hombres, de contestación frente a unos pactos viriles que hoy por hoy continúan dominando la escena. Y todo ello, por si alguien a estas alturas todavía tenía dudas, acompañado de alternativas, de caminos por los que transitar hacia un nuevo sentido de la justicia, de palabras con las que armar un nuevo lenguaje, de herramientas con las que poner las bases de un nuevo contrato social. El gran salto, no solo cuantitativo sino también cualitativo, que el feminismo ha experimentado en el curso que ahora termina ha sido justamente que esa ola emancipadora ha invadido las calles, se ha hecho central en el debate público...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez