Ángela es pequeña por fuera pero muy grande por dentro. En su cuerpo menudo habita una mujer poderosa, valiente, capaz de iluminar con sus múltiples compromisos la cobardía de quienes solo somos vulgares imitadores de su poderío. Desde siempre, y puedo imaginar que mucho más a medida que ha ido sumando años, ella se ha rebelado contras las injusticias y lleva grabado en su piel que todo lo personal es político. Antes que cualquier otro adjetivo con el que seguramente me quedaría corto al describirla, ella lleva con orgullo los de feminista y socialista, dos términos que riman aunque no necesariamente siempre hayan ido de la mano. Aunque nos separan cientos de kilómetros, físicos que no emocionales, me consta lo mucho que ella ha sufrido en las últimas semanas. Desde la distancia he sentido cómo le dolía su alma de izquierdas y como, entre la impotencia y la desubicación, contemplaba las fracturas de su partido, las cuchilladas twiteadas y los hilos incapaces de coser tanto desgarr...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez