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¿UN PARLAMENTO FEMINISTA?

Una de las mejores noticias que nos ha deparado el 20D ha sido el significativo aumento de parlamentarias, las cuales sin embargo todavía no alcanzan el 40% que la Ley de Igualdad de 2007 situó como mínimo de una composición equilibrada. Este incremento es consecuencia de la aplicación de acciones positivas, y no solo de las previstas por la ley electoral, sino también de las que internamente han adoptado los partidos de izquierda. De esta manera vuelve a demostrarse la conveniencia y oportunidad de unas medidas que todavía hoy son consideradas, véase Ciudadanos, como contrarias a la igualdad. Es decir, como justo lo contrario a lo que son: un instrumento para hacer efectiva la igualdad de mujeres y hombres en el ámbito de la representación política. Un ámbito en el que, por razones de mera democracia, ellas deben tener el mismo derecho que nosotros a estar. Simplemente por el hecho de ser ciudadanas. Sin que en el ejercicio de este derecho entren en juego méritos y capacidades que suele ser, por cierto, el argumento usado en contra desde posiciones liberales.
Ahora bien, la mayor presencia de mujeres no garantiza que el Parlamento funcione de otra manera o que cambie el rumbo de las políticas que se adopten. Insisto en que los mecanismos de representación equilibrada solo garantizan que las dos mitades de la ciudadanía --una históricamente privilegiada, la otra en paralelo subordinada-- tengan presencia efectiva en las Cámaras. Cuestión distinta será que ellas actúen movidas por convicciones feministas o, por contrario, antepongan las dependencias partidistas. O que introduzcan otras maneras de entender lo público o que, como es frecuente, reproduzcan los esquemas machistas de sus colegas todopoderosos.
En un Parlamento tan complejo y plural como el surgido hace una semana de las urnas, y en el que casi por vez primera veremos en toda su plenitud las grandezas y miserias de un sistema parlamentario, sería más necesario que nunca la introducción de otros métodos y de otras palabras. Los que desde hace siglos viene reclamando el feminismo y que habrían de suponer, de entrada, la ruptura con los "pactos juramentados" entre varones de los que habla Celia Amorós. Es decir, necesitamos con urgencia otros paradigmas de lo político, otras estrategias que nos permitan sumar, otras pautas que partan del reconocimiento de nuestra interdependencia y de la necesidad por tanto de dialogar, renunciar y pactar. Algo a lo que, por cierto, están muy poco acostumbrados los hombres públicos, y las mujeres que los imitan, educados en el arte de creerse el centro del universo y de concebir el poder como una competición en la que parece ganar siempre el que demuestra más hombría. Es decir, más inflexibilidad, más dureza, más rigidez, más invulnerabilidad. Algo de lo que nos puede dar muchas lecciones una izquierda tan prisionera de los pactos patriarcales y en la que habitualmente ellos ocupan los púlpitos con la autoridad que otorga saberse parte de eso que Clara Campoamor llamó una "república aristocrática de privilegio masculino".
Estoy convencido de que la única alternativa a cuatro años más de políticas neoliberales pasa por lo que hasta ahora ha sido imposible: el encuentro generoso y cómplice de una izquierda que, al fin sepa renunciar a sus egos de machitos y sea capaz de compartir cuidadosamente el compromiso de una utopía que siempre debería estar del lado de los más débiles. Para ello hace falta bajarse de los tronos y enfundar las espadas. Abandonar las pirámides verticales y construir mesas horizontales en las que hacer un ejercicio continuo de responsabilidad generosa. Todo lo que no pase por ese ejercicio de ética del cuidado llevará al triunfo de los más fuertes. Algo frente a lo que solo podrá servir de dique un parlamento más feminista y no "casi" paritario. Lo contrario, además, servirá para confirmarle a nuestro obispo Demetrio que el ángel femenino debe seguir residiendo en el hogar.
Las fronteras indecisas
Diario Córdoba, lunes 28 de diciembre de 2015
http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/un-parlamento-feminista_1008227.html

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