El párroco de San Eutropio, en Paradas, ha vuelto a dar una lección sobre como la Iglesia Católica, al menos en lo que respecta a sus estructuras de poder, continúa fiel a la masculinidad heteronormativa y, por tanto, considerando la homosexualidad como un pecado. Con exquisita fidelidad a la hipocresía de la moral judeo--cristiana, el sacerdote Francisco Javier Aranda argumenta que el verdadero problema de Alejandro, un utrerano de 30 años, para ser padrino del bautizo de su sobrina no es tanto su orientación sexual sino la "exhibición pública" de la misma. De esta manera, el cura vuelve a confirmar la sacralidad del armario, ese espacio en el que permanecen tantos católicos y me temo que tantos jerarcas, de espaldas a lo que ya son conquistas irreversibles en cuanto al reconocimiento y visibilidad de las múltiples opciones afectivas y sexuales del ser humano. Precisamente para luchar contra ese tipo de actitudes y comportamientos, desgraciadamente aún habituales en soc...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez