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NO ME LLAMES HÉCUBA, LLÁMAME DESGRACIA

La reina convertida en esclava. La que todo lo tuvo y ahora nada tiene. La madre que llora la muerte del esposo y de los hijos. La que tiene que ofrecer a su hija en ofrenda a los dioses. La sometida a la ley del patriarca. La víctima principal de todas las guerras, de todas las batallas. La que se revuelve desde dentro para plantarle cara al destino. La que se agarra a las manos de sus cómplices femeninas para soportar, y luchar, en un mundo de hombres. La que es capaz de urdir la trama más perversa cuando la justicia que administran ellos la ignora y la pisotea. La voz que clama por ser oída y acaba siendo tan nula como la de un esclavo. La protagonista de todas las tragedias y la dueña de las emociones. La esposa, la amante, la madre. La olvidada. La vendida. La extranjera siempre. La que acaba en las afueras del mundo y, pese a tanto horror, es capaz de levantarse sobre sus propias ruinas. La que mancha sus manos con la sangre de otros y se agarra a la tierra sintiéndose naturaleza. Hécuba, la mujer que se levanta desde su desgracia para alzar el trofeo de la venganza. La que encierra en su ojos desconsolados la mirada perdida de tantas otras mujeres. La piedad con el hijo muerto, las marías que la agarran, mujeres y esclavas.

... "No me llames Hécuba, llámame desgracia"... La desgracia de todas las mujeres de la tierra. En un texto limpio y cortante, en la voz y  en la presencia de una actriz que hace suyo cada centímetro de escenario. Hécuba, Concha Velasco, la voz de la tragedia, la presencia del drama, la mujer que puede ser todas las mujeres.


Hécuba
Gran Teatro de Córdoba, 21 de  marzo 2014

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