La igualdad real de mujeres y hombres no se conseguirá mientras que no revisemos las relaciones entres los espacios público y privado, así como los roles y trabajos que asumimos todavía de manera diferenciada en uno y en otro ámbito en función de nuestro sexo. Es decir, la democracia auténticamente paritaria no será una realidad
mientras que no superemos las clausulas de un 'contrato sexual' que mantuvo durante siglos a las mujeres subordinadas en el ámbito familiar y condenadas a desempeñar unos trabajos, los de cuidado, carentes de reconocimiento social y económico.
De acuerdo con este pacto, el hombre pudo proyectarse de manera plena en lo público, mientras que ellas mantenían los vínculos emocionales de la familia y asumían de manera prácticamente exclusiva la ardua tarea de criar y educar a los hijos y a las hijas (en este sentido resulta clarificador el último ensayo de Almudena Hernando titulado La fantasía de la individualidad). De esta manera, el modelo dominante fue el del padre ausente, volcado en su función de proveedor, el héroe que volvía a casa después de la batalla diaria y se encontraban a sus descendientes dormidos tras el cuento que les había contado la madre. Un padre encargado de mantener el orden y la autoridad, además de forjado en la renuncia a las emociones y en la huida de la vulnerabilidad.
Solo entonces, por ejemplo, cabría hablar con plena legimitidad de la custodia compartida y solo así llegaríamos a un nuevo pacto en el que tanto ellas como nosotros resultaríamos ganadores. Ellas porque tendrían condiciones más óptimas para desarrollar sus proyectos personales y nosotros porque recuperaríamos una parte de nuestra personalidad a la que siempre hemos renunciado por imperativo de los mandatos de género. Una conquista que nos haría gozar y crecer gracias a nuestro papel también como proveedores de afecto.
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BLOG MUJERES EL PAÍS, 18 de marzo 2014
BLOG MUJERES EL PAÍS, 18 de marzo 2014
http://blogs.elpais.com/mujeres/2014/03/los-padres-igualitarios.html
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