“Te podría contar Que está quemándose mi último leño en el hogar Que soy muy pobre hoy Que por una sonrisa doy todo lo que soy Porque estoy solo y tengo miedo” Joan Manuel Serrat, Balada de otoño A estas alturas de mi vida, en que empiezo a sentir que tengo más pasado que porvenir, y cuando empieza haber vacíos, demasiados vacíos, en mi agenda, me doy cuenta más que nunca de cuántas mujeres han sido y son esenciales en mi sostén. Cómo han sido ellas, con su praxis, y no tanto con sus discursos, las que me han ido descubriendo las maravillas de la horizontalidad y el verdadero sentido de lo que es tejer redes, algo a lo que, me temo, todavía los hombres no solemos estar muy acostumbrados. En mi vida académica, a la que tanto tiempo he dedicado y dedico, nunca subrayaré lo suficiente el papel tan importante que han tenido, y siguen teniendo, las mujeres de la Biblioteca de mi facultad. Con algunas de ellas he recorrido un itinerario largo largo en el que...
Me encontré con la ‘pieza’ hace unos días en el informativo de una cadena nacional (Telecinco o Antena 3, no lo recuerdo ahora; supongo que lo emitirían todas —por cierto, en horario de protección infantil…—) y aunque los largos años de trabajo en la materia ya me tienen bastante curado de espantos de ese tipo, la verdad es que me agrió el almuerzo. Desesperante. Y lo peor, observar la cantidad de críos que había observando aquello (y disfrutando del ‘evento’ con toda naturalidad), garantizando la perpetuidad de la barbarie en su entorno. Cuánto queda por trabajar…
ResponderEliminarUn fuerte abrazo y hasta pronto.
Parece mentira que en nombre de la religión y las "costumbres", se sigan cometiendo éste tipo de atrocidades. Mujeres, hombres, niños, homosexuales, personas con malformaciones... cualquier "excusa" es buena en nombre de "Dios", "Alá", "Mahoma" o cualquier ser superior.... Triste, penoso, descorazonador, verguenza de pertenecer a la condición humana
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