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DON DRAPER

Anoche terminé de ver la quinta temporada de MAD MEN y, además de corroborar que es una de las mejores series de los últimos tiempos, certifiqué la inmensa capacidad de seducción de su personaje principal: Don Draper. En un final muy abierto, como el de todas las temporadas, intuimos que Don vuelve a ser el de siempre, tras unos capítulos en los que lo hemos visto ciertamente acomodado en una inusual serenidad. Vuelve a ser, o al menos intuimos que se lo plantea, el macho triunfador y conquistador, el depredador sexual, el seductor nato. El que enciende los cigarrillos como nadie y el que con esa mirada turbia es capaz de desarmar a cualquiera.

Uno de los aspectos más interesantes de la serie es la mirada de género que plantea, en cuanto que nos dibuja a unos hombres y mujeres que en un determinado momento y lugar - la América de los 60, la misma en que Betty Friedan da un salto en el feminismo con su "Mística de la feminidad" - nos pueden servir de prototipo de lo masculino y lo femenino en una sociedad patriarcal. Todos los hombres de la serie - "All the king`s men", podría titularse, como el título original del clásico que aquí se llamó "El político" - están enclaustrados en el modelo de hombre patriarcal: competitivo, fuerte, racional, seductor. El sujeto y el productor por excelencia. Están además ubicados en un contexto profesional, el de la publicidad, que constituye uno de los baluartes de la triple conexión capitalismo-democracia-patriarcado. Junto a ellos, dos tipos de mujeres. Las que responden al canon tradicional: la esposa, la señora de, esas mujeres que en algunos casos empiezan a sufrir lo que Friedan llamó "el mal que no tiene nombre" (la mujer de Don es el mejor ejemplo). Por otro lado, las que empiezan a romper barreras y quieren construirse una identidad no sujeta a los patrones tradicionales, siendo sujetos y no "sujetas". Mujeres que quieren triunfar en lo profesional y autónomas también en lo privado. No simples objetos sino partícipes y decisoras. Dueñas de su vida profesional y personal, de su cuerpo y su sexualidad. Como, no sin dificultades, lo trata de ser uno de los personajes más interesantes de la serie: Peggy Olson. Entre ambas, mujeres que son prisioneras de su lugar en el mundo y que acaban inspirándonos una gran ternura, como la eficaz y seductora Joan. Una víctima más de un mundo de hombres por más que siempre nos ofrezca esa apariencia de fortaleza y control de la situación. De alguna forma, Joan representa las mujeres que se quedan en la frontera entre las que siguieron su rol tradicional y las que se atrevieron a dar el salto a otros territorios de mayor libertad.

A medida que avanza la serie, y muy especialmente en esta última temporada, los guionistas también nos presentan poco a poco el otro lado de esa "normativa hegemónica de género" que nos atenaza a los varones. La masculinidad también es un carga, genera ansiedad, nos exige mostrarnos siempre como machos triunfadores ante los demás. Soportamos mal el fracaso, la soledad, no se nos permite sentirnos vulnerables. Hay muchos momentos en esta última temporada en que vemos a algunos de los protagonistas prisioneros de sí mismos, en la cárcel de su cuerpo y de las exigencias de género. Varones que difícilmente superan el fracaso profesional, la derrota en el amor o la enfermedad que carcome su heroísmo. De ahí que no nos sorprenda el suicidio de uno de uno de los protagonistas o los bandazos emocionales de otros. 

Y, sin duda, pese a sus aristas, pese a que en muchas ocasiones actúe como un auténtico "cabronazo", uno de los mayores aciertos de la serie, también en esta última temporada, es cómo está dibujado e interpretado el personaje de Don Draper. Aún con sus defectos, nos seduce a todos, a mujeres y a hombres. Todos y  todas caemos en sus garras. Se lo perdonamos todo. Y a ver quién se atreve a confesar que no le gustaría ser como él o bien, al mismo tiempo o como alternativa, acostarse con él.  

En estas vacaciones que para mí ahora comienzan, mi gran pena no es la prima de riesgo sino la larga  espera que sufriré hasta que por alguna vía me lleguen los episodios de una nueva temporada...


Comentarios

  1. Veo, compa Octavio, que estás aquejado de ese virus tan extendido que es el de la pasión por esta serie de culto, de la cual (y lo confieso no sin una mezcla rarilla de pena y vergüenza) no he visto ni un mísero trailer (para mi pesar, me quedé anclado en Los Soprano…). Está claro que ya voy tardando, y mucho…

    Un abrazo y hasta pronto.

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