Ir al contenido principal

NOT BIUTIFUL

Lo peor que le puede pasar a una película es que no te arañe el corazón. Es lo que le sucede a la última película del González Iñárritu. Pese a las cosas tan tremendas que cuenta, te deja frío, indiferente, hasta aburrido y deseoso de que lleguen los títulos de crédito finales. BIUTIFUL pretende ser una bajada a los infiernos del mundo globalizado y se queda en la mirada retórica de un progre empeñado a mostrarnos las miserias de una Barcelona que podría ser cualquier otra ciudad.  Le falta hondura, penetración, capacidad de dejarnos inquietos. Ni siquiera Bardem, que domina la pantalla de principio a fin, logra emocionarnos. Mucho menos cuando buena parte de los diálogos, casi susurrados, apenas se entienden. Entre tanta acumulación de tremendismos, apenas si logra cosquillearme el corazón la relación de Auxbal con sus hijos. Esa paternidad entregada que es la que acaba dando sentido a la vida de un perdedor. Todo lo demás es reincidencia en una mirada hueca, en un discurso pretendidamente hondo y comprometido. A esta película, que paradójicamente pretende reflejar la realidad oculta de una ciudad brillante, le sobra artificio y le falta autenticidad. Por no hablar de ese prólogo y de ese epílogo que se dan la mano y que son, además de archisabidos, relamidamente cursis y pretenciosos.

Comentarios

  1. Es una película que nos podría haber emocionado hasta las lágrimas y que, sin embargo nos aburre hasta el bostezo.

    La vida de ese padre luchando por una familia imposible, la plasmación de unos problemas socieles llevados al límite, nos debería haber implicado en esa lucha y ese sufrimiento, pero sólo consigue que esperemos a que el protagonista se muera de una vez y largarnos de la sala.

    La película está, además, llena de lugares comunes y recursos archiconocidos.

    Con lo bien que nos tenía acostumbrados Iñárritu coo obras maestras como "Amores perros" o "Babel" y el buen trabajo habitual de Bardém, "Biutiful" se cae por sí misma.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

CARTA DE MARÍA MAGDALENA, de José Saramago

De mí ha de decirse que tras la muerte de Jesús me arrepentí de lo que llamaban mis infames pecados de prostituta y me convertí en penitente hasta el final de la vida, y eso no es verdad. Me subieron desnuda a los altares, cubierta únicamente por el pelo que me llegaba hasta las rodillas, con los senos marchitos y la boca desdentada, y si es cierto que los años acabaron resecando la lisa tersura de mi piel, eso sucedió porque en este mundo nada prevalece contra el tiempo, no porque yo hubiera despreciado y ofendido el cuerpo que Jesús deseó y poseyó. Quien diga de mí esas falsedades no sabe nada de amor.  Dejé de ser prostituta el día que Jesús entró en mi casa trayendo una herida en el pie para que se la curase, pero de esas obras humanas que llaman pecados de lujuria no tendría que arrepentirme si como prostituta mi amado me conoció y, habiendo probado mi cuerpo y sabido de qué vivía, no me dio la espalda. Cuando, porque Jesús me besaba delante de todos los discípulos una y muchas ve…

CARTA A MI HIJO EN SU 15 CUMPLEAÑOS

De aquel día frío de noviembre recuerdo sobre todo las hojas amarillentas del gran árbol que daba justo a la ventana en la que por primera vez vi el sol  reflejándose en tus ojos muy abiertos.Siempre que paseo por allí miro hacia arriba y siento que justo en ese lugar, con esos colores de otoño, empezamos a escribir el guión que tú y yo seguimos empeñados en ver convertido en una gran película. Nunca nadie me advirtió de la dificultad de la aventura, ni por supuesto nadie me regaló un manual de instrucciones. Tuve que ir equivocándome una y otra vez, desde el primer biberón a la pequeña regañina por los deberes mal hechos, desde mi torpeza al peinar tu flequillo a mis dudas cuando no me reconozco como padre autoritario. Desde aquel 27 de noviembre, que siento tan cerca como el olor que desde aquel día impregnó toda nuestra casa, no he dejado de aprender, de escribir borradores y de romperlos luego en mil pedazos, de empezar de cero cada vez que la vida nos ponía frente a un nuevo desa…

EL HOMBRE CON UNA VENTANA EN EL PECHO

La primera vez que viajé a Florencia estaba obsesionado por tener una habitación con vistas, como en la novela de Forster, como en  la película de Ivory. Yo era también por entonces un poco como Lucy, la protagonista. Italia, como a ella, me deslumbró e iluminó buena parte de las habitaciones que yo tenía a media luz. Sin embargo, tuvieron que pasar muchos años para que me diera cuenta de que lo importante no era tanto encontrar esas habitaciones con vistas sino tener tú mismo la capacidad de romper cualquier muro. Las murallas del poema de Kavafis. Tuve, claro, que vivir y sufrir, que equivocarme, que subir escaleras empinadas y de, al fin, atreverme a vivir con la misma pasión que Lucy tocaba el piano.

Él llegó a mi vida justo en el momento en el que pensé que mi futuro estaría hecho de soledades y de deseos fugaces. De películas de hora y media y no de novelones con cientos de páginas. Estaba a punto de resignarme a vivir en esa permanente inquietud que supone saberte libre pero sol…