En una época en la que se ha hecho tan frecuente hablar de vulnerabilidad, me temo que tal vez para esquivar la potencia política de términos como subordinación o desigualdad, pareciera sin embargo que el frenesí de los discursos y la aceleración comunicativa nos impidieran darnos cuenta de que todas y todos somos seres corpóreos y, por tanto, crepusculares, inacabados, siempre en tránsito. De ahí que todos los procesos de exclusión social atraviesen justamente los cuerpos y se traduzcan en heridas que, desde lo físico y lo emocional, acaban teniendo la radicalidad propia de lo político. Quizás ante la furia de las identidades trinchera hemos ido prescindiendo, o como mínimo situando en un lugar secundario, la experiencia brutal que supone saberse un sujeto con las alas más cortas o, dicho de otra manera, con la dignidad en entredicho. Una realidad que, por cierto, deberíamos tener presente ante un próximo 28 de junio que no debería olvidar que tanto la vindicación como la celebr...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez