Ir al contenido principal

COCHINAS: hágase en mí según mi voluntad.


A estas alturas del siglo XXI, y pese a todos los espacios de autonomía que las mujeres han ido conquistando con relación a sus cuerpos y a sus deseos, la sexualidad continúa siendo uno de esos territorios más resistentes a una transformación feminista o, dicho de otra manera, es uno de esos espacios en los que se sigue evidenciando quiénes durante siglos dictamos las reglas y de qué manera el silencio de las mujeres, en todos los sentidos, ha sido uno de los pilares del patriarcado. Sexismo y edadismo, a los que podríamos añadir también un capacitismo que excluye sujetos y cuerpos que no responden al canon productivo y deseable, continúan siendo firmes aliados en un mundo sostenido por las reglas de un mercado en el que ahora parece imponerse, en palabras de Andrea García Santesmases, un “nuevo contrato sexual”, en el que más que transformar lo normativo no estamos sino reproduciendo las claves depredadoras y masculinizadas que, me temo, no conducen a ninguna liberación (sobre todo para quienes están en posición de vulnerabilidad). En dicho contexto, las herramientas digitales, más que favorecer la apertura a un planeta más ancho y diverso fomentan unos imaginarios construidos por y para los poderosos, de tal manera que en la actualidad sean muchas las personas atravesadas por malestares, violencias y una terrible frustración ante un mundo que, por otra parte, no deja de vendernos el sexo como uno de esos acontecimientos que cotizan alto en la bolsa del “optimismo cruel”.

En un contexto como éste, en el que siento que mujeres y hombres, la sociedad en general, seguimos teniendo tantas conversaciones pendientes en materia de sexualidad, y en el que, no lo olvidemos, los cuerpos y los deseos siguen ausentes de los procesos educativos, es tan de agradecer una serie como Cochinas. Creada por  Carlos del Hoyo e Irene Bohoyo, y dirigida por Andrea Jaurrieta, Laura M. Campos y Núria Gago, la serie nos lleva al Valladolid de los años 90, para contarnos el proceso de liberación de unas mujeres que, gracias a la pornografía que en aquellos años circulaba en cintas de videoclub, van descubriendo placeres al tiempo que van tomando conciencia de la soberanía que les ha negado un mundo de maridos machotes. Atravesada por el amor a una cultura cinéfila forjada gracias al VHS y con decisiones tan arriesgadas como empezar cada capítulo con la recreación de la escena de una película porno de aquellas que triunfaban en los primeros años de la democracia, Cochinas tiene el gran acierto de darle la vuelta a los patrones sexistas y convertir en protagonistas a unas mujeres que hasta ese momento no habían hecho sino cumplir con las expectativas clásicas y que, en un ejercicio revolucionario de sororidad, descubren no solo el disfrute que encierran sus cuerpos sino también la libertad que supone saltarse las normas escritas por otros. Los creadores y las creadoras de esta singular apuesta han optado también por mostrarnos a mujeres y cuerpos que se salen de lo normativo, que no responden a las exigencias estéticas de un mercado ahora también de los deseos y del capital erótico, que en algún caso carecen de las capacidades que dictamos como las normales, o que trabajan en empleos precarios y sufridos (al tiempo que sostienen lo doméstico como auténticas heroínas). Un mosaico de seres diferentes en el que no faltan las mujeres viejas, también con derecho a disfrutar del sexo y que, sin embargo, solemos tratar como si fueran menores de edad a las que negamos autonomía y goce. Con unos guiones afilados y divertidísimos, y con un reparto que, en la mejor tradición de nuestro cine, convierte a los personajes secundarios en protagonistas, Cochinas nos hace reír, nos emociona y también nos deja un poso tras su visionado que nos lleva, en este 2026, a seguir preguntándonos por muchas de esas cuestiones que en las primeras décadas de democracia fueron prisioneras de una falsa liberación.

Si bien Malena Alterio y una deslumbrante Celia Morón se merecen todos los premios de la temporada, no se quedan atrás todas esas mujeres diversas que, incluida una felizmente recuperada Josele Román, componen unos de los repartos más brillantes y ajustados de los últimos años. Todas ellas respiran tanta verdad que es imposible no empatizar son sus sueños y frustraciones, de la misma manera que, en otro sentido, lo acabamos haciendo con unos hombres, esos diligentes padres de familia amparados por el Código civil y por tantos usos y costumbres, que no tienen más remedio que asumir que es imposible seguir manteniendo el estatus que heredaron en un mundo hecho a su medida. De ahí que el personaje que interpreta Alvaro Mel, tierno y perdido, bien pudiera ser esa bisagra que conecta el mundo destinado a sucumbir y uno nuevo que todavía hoy está por abrirse en toda su plenitud. Ese en el que al fin hayamos hecho saltar de una vez por todas las costuras de lo normativo y en el que nos hayamos emancipado de unos roles y expectativas que nos limitan y que, con frecuencia, tanto nos hacen sufrir (a unas más que a otros). Donde los cuerpos raros, viejos, gordos o con algún tipo de discapacidad pierdan al fin el miedo a lucir su desnudez y en el que las mujeres, sobre todo las mujeres, gocen liberadas de las cadenas con las que tantos dioses quisieron reducir su voz a un eterno “hágase en mí según tu voluntad”.

PUBLICADO en Cordópolis, 4 de mayo 2026:

https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/blogopolis-quien-teme-a-thelma-y-louise/cochinas-hagase-voluntad_132_13193376.html#goog_rewarded

Comentarios

Entradas populares de este blog

YO, LA PEOR DEL MUNDO

"Aquí arriba se ha de anotar el día de mi muerte, mes y año. Suplico, por amor de Dios y de su Purísima Madre, a mis amadas hermanas las religiosas que son y en lo adelante fuesen, me encomienden a Dios, que he sido y soy la peor que ha habido. A todas pido perdón por amor de Dios y de su Madre. Yo, la peor del mundo: Juana Inés de la Cruz". Mi interés por Juana Inés de la Cruz se despertó el 28 de agosto de 2004 cuando en el Museo Nacional de Colombia, en la ciudad de Bogotá, me deslumbró una exposición titulada "Monjas coronadas" en la que se narraba la vida  y costumbres de los conventos durante la época colonial. He seguido su rastro durante años hasta que al fin durante varias semanas he descubierto las miles de piezas de su puzzle en Las trampas de la fe de Octavio Paz. Una afirmación de éste, casi al final del libro, resume a la perfección el principal dilema que sufrió la escritora y pensadora del XVII: " Sor Juana había convertido la inferioridad ...

CARTA A MI HIJO EN SU 15 CUMPLEAÑOS

  De aquel día frío de noviembre recuerdo sobre todo las hojas amarillentas del gran árbol que daba justo a la ventana en la que por primera vez vi el sol  reflejándose en tus ojos muy abiertos.   Siempre que paseo por allí miro hacia arriba y siento que justo en ese lugar, con esos colores de otoño, empezamos a escribir el guión que tú y yo seguimos empeñados en ver convertido en una gran película. Nunca nadie me advirtió de la dificultad de la aventura, ni por supuesto nadie me regaló un manual de instrucciones. Tuve que ir equivocándome una y otra vez, desde el primer biberón a la pequeña regañina por los deberes mal hechos, desde mi torpeza al peinar tu flequillo a mis dudas cuando no me reconozco como padre autoritario. Desde aquel 27 de noviembre, que siento tan cerca como el olor que desde aquel día impregnó toda nuestra casa, no he dejado de aprender, de escribir borradores y de romperlos luego en mil pedazos, de empezar de cero cada vez que la vida nos ponía...

Balada para Mª Carmen

  “Te podría contar Que está quemándose mi último leño en el hogar Que soy muy pobre hoy Que por una sonrisa doy todo lo que soy Porque estoy solo y tengo miedo” Joan Manuel Serrat, Balada de otoño   A estas alturas de mi vida, en que empiezo a sentir que tengo más pasado que porvenir, y cuando empieza haber vacíos, demasiados vacíos, en mi agenda, me doy cuenta más que nunca de cuántas mujeres han sido y son esenciales en mi sostén. Cómo han sido ellas, con su praxis, y no tanto con sus discursos, las que me han ido descubriendo las maravillas de la horizontalidad y el verdadero sentido de   lo que es tejer redes, algo a lo que, me temo, todavía los hombres no solemos estar muy acostumbrados. En mi vida académica, a la que tanto tiempo he dedicado y dedico, nunca subrayaré lo suficiente el papel tan importante que han tenido, y siguen teniendo, las mujeres de la Biblioteca de mi facultad. Con algunas de ellas he recorrido un itinerario largo largo en el que...