Nos ha tocado vivir un tiempo tan incierto y complejo, nos sentimos tan rodeados de amenazas, que es cada vez más difícil tener una mirada optimista hacia el futuro. Al contrario, cada vez crece más eso que algunos llaman “futurofobia”, al tiempo que se expanden los discursos conservadores y reaccionarios. Los que vindican un retorno al orden tradicional como salvavidas. Los que, por ejemplo, identifican las propuestas feministas, y en general todos los avances en igualdad de derechos, como una amenaza a las posiciones de privilegio de unos cuantos. Unos discursos que se nutren del miedo y de la vulnerabilidad que nos sacude, y que no dejan de alimentar unas lógicas democráticas cada vez más prisioneras de los ombligos partidistas, tan machirulos ellos, y que carecen de la capacidad para elevarse a lo común. En el capitalismo de pantallas que habitamos y nos habita, es el individuo, narcisista y autorreferencial, el eje sobre el que se construye una ciudadanía deval...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez