El tecnocapitalismo que habitamos, y que nos habita, nos está convirtiendo en sujetos narcisistas, deseantes y esclavos de una lógica, la del mercado, en la que no hay espacio para la reciprocidad. Mientras que compramos y nos entretenemos, nos sentimos vivos. Cada cual frente a la pantalla, con la ilusión de ser parte de una comunidad construida con likes y seguidores. Desconectados emocionalmente, enfriados, como dice Remedios Zafra, mientras que el planeta no deja de calentarse. En los espacios en que practicamos un sucedáneo de comunicación, ya que suele faltar el viaje de ida y vuelta de los argumentos, tendemos a mirarnos no tanto en el espejo de los otros sino en el propio. Así nos fabricamos una máscara que a veces, solo a veces, oculta nuestros miedos e inseguridades, además de la frágil autoestima que no queremos ver. En este contexto es relativamente fácil encontrar trincheras acogedoras y batallas que tanto me recuerdan a los pulsos de machotes. De esta manera, las pa...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez