La mujer abandonada, la madre entregada, la amante despechada, la Penélope que espera a su Ulises, la callada violada, la enamorada como vaca sin cencerro, la amada atada a la pata de la cama. Todos y cada uno de los que Marcela Lagarde denominó cautiverios de las mujeres se encuentran en la filmografía de Pedro Almodóvar. Un cineasta que, en su momento, rompió con determinadas inercias y, sobre todo, fue capaz de colorear una sociedad tan sombría como la española, pero que, sin embargo, ha sido más bien conservador en su mirada sobre las que siempre han sido las grandes protagonistas de sus películas. Y no porque en ellas no existan algunos personajes femeninos rebeldes o que en su época rompieron moldes, sino porque en el contexto de toda una obra, pero sobre todo, en la relación de ellas con los hombres es más que evidente que el manchego todavía no ha asesinado a Rousseau. Unos hombres que en la mayoría de los casos, salvo en las excepcionales La mala educación ...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez