Cada vez es más habitual encontrar en la pantalla relatos que nos muestran la profunda crisis que sufrimos los hombres en este siglo en el que las mujeres están protagonizando la cuarta ola feminista. Tal y como explica Michael Kimmel, en su recientemente traducido al castellano Hombres (blancos) cabreados, la pérdida o como mínimo el deterioro de la que fue nuestra función principal durante siglos, la de proveedores, junto con la progresiva e imparable emancipación de las mujeres, están dando lugar a una especie de sentimiento de agravio entre buena parte de la mitad masculina. Un agravio que se proyecta en muchos casos en reacciones iracundas y en violencias múltiples, así como en discursos políticos que, como ya estamos sufriendo en nuestro país, institucionalizan y legitiman la cultura machista. Hay en toda esta corriente de hombres enfadados un deseo, tal vez no expresamente manifestado, de volver al pasado, a esos tiempos en los que los papeles de ambos sexos estaban claramen...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez