Con un ritmo frenético, rodada con un pulso admirable y con un reparto cuyas piezas encajan a la perfección, Rodrigo Sorogoyen ha conseguido una de las películas más brutales del reciente cine español. Y no solo por cómo está pensada y rodada, sino porque nos coloca frente a toda la mierda que todos los días nos va invadiendo, a veces sin que nos demos cuenta. Como si fuera un virus pequeñito y escurridizo que penetra por los capilares de las instituciones y llega hasta nuestras vidas. Porque lo más terrible de esta historia de hombres corruptos, que se suceden y desaparecen incluso mientras que "el reino" permanece, es que las consecuencias las sufrimos nosotros. Es decir, nuestro bienestar, nuestras expectativas de futuro, nuestra cotidiana supervivencia. De esta manera, El Reino no solo nos cuenta el fracaso de la política sino también del Estado de Derecho y, con él, de todas las garantías que un día...
Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez