Ir al contenido principal

LUISA CARNÉS: EL EXILIO EN FEMENINO

Gracias a dos grandes mujeres, ambas militantes feministas, Amparo Rubiales y Nuria Capdevilla, descubrí  hace unos meses a la periodista y escritora Luisa Carnés. Su novela Tea rooMs me la desveló como una poderosa voz de la generación del 27, una de esas creadoras invisibles durante décadas y de la que me fascinó no solo su compromiso ideológico sino también su brillante literatura. Además de la rotunda conciencia de género y de clase que recorre sus páginas, me sorprendió su tono y su estructura absolutamente contemporáneos, casi cinéfilos, y con los que la autora da buena muestra de su capacidad no solo para captar ambientes sino para dibujar personajes de una hondura extraordinaria. La mirada radicalmente política de Luisa, sin que por ello deje de ser tierna, hace que Tea Rooms sea una de las novelas más sugerentes de un principio de siglo en el que las mujeres de nuestro país empezaron a quitarse el sombrero.  
Meses después han llegado a mi biblioteca las memorias de Luisa Carnés, en las que describe sus últimos meses en la España destrozada por la guerra y el comienzo de su exilio en Francia. Con el título de De Barcelona a la Bretaña francesa, y editadas por editorial Renacimiento, las memorias, a las que se han sumado una continuación titulada La hora del odio, constituyen uno de esos tesoros de los que uno se pregunta por qué no ha sido descubierto mucho antes. Con un tono de crónica periodística, pero sin renunciar a su poderosa capacidad como narradora, Carnés nos ofrece un desgarrador relato de lo que supusieron para ella los últimos meses vividos en la Cataluña republicana y, sobre todo, el doloroso camino hacia el exilio. Leyendo las páginas de esta hija de una familia obrera madrileña, el lector vive un doble proceso en paralelo. De una parte, la visualización, que casi podemos tocar y oler, de lo que supuso un episodio dramático de nuestra historia del que todavía, me temo, sabemos muy poco. De otra, la inevitable conexión de los relatos humanos que nos ofrece la autora con un presente en el que asistimos impasibles al dolor que supone la huida de la tierra propia de tantos millones de personas. En este sentido, el gran acierto de Luisa Carnés, que sin duda está muy ligado a su indiscutible conciencia de género, es situar el foco en el desgarro de seres concretos, en las esperanzas fallidas de personas a las que sentimos auténticas, en la brutal contundencia que supone mostrar como la guerra, cualquier guerra, como la falta de democracia, provoca heridas irreparables que desde lo más personal e individual adquieren proyección política. Ahí está, como expresión más rotunda, el nacimiento del odio como un sentimiento que levanta muros y que genera que el otro o la otra sea contemplada como un enemigo. “Tú sabes amar, pero te falta saber odiar: por eso lloras todavía. Tendrás que odiar, muchacha; tendrá que odiar mucho si quieres ayudar a salir de este torbellino”.
Además de recuperar un fragmento de nuestra historia reciente que, insisto, me parece que sigue sin estar presente en este país tan desmemoriado, lo más importante de estas páginas es que nos hacen llegar la voz de una mujer. Una de esas voces a la que la historia patriarcal ha relegado a un segundo plano y que solo ahora, gracias sobre todo al esfuerzo de muchas otras que tienen muy claro que sin ellas la memoria es solo el relato del vencedor, empiezan a ocupar el espacio que siempre fue monopolizado por los varones. En este sentido, no tengo ninguna duda de que Luisa Carnés constituye una de las voces y miradas más relevantes de la primera mitad de un siglo XX que en nuestro país trajo la esperanza tricolor pero también, y como un rayo de tormenta, la enorme grieta de la guerra y la posterior dictadura. Una fractura que de manera muy especial sufrieron las mujeres que lloran por los maridos e hijos muertos, y que no dejan de preguntarse “canciones y banderas de julio, ¿dónde estáis?”.
De Barcelona a la Bretaña francesa, que debería ser leído por nuestros hijos y nuestras hijas en los institutos, no es solo la narración de un fracaso colectivo y de las muchas víctimas que dejó en las cunetas interiores o en las afueras. Todas esas personas a las que “la palabra España le traspasaba los huesos”.  Es también una necesaria mirada sobre la historia desde la vivencia de una mujer que no se resignó nunca a ser el apéndice de un hombre, y de cómo la guerra, y sus consecuencias, acaban teniendo a las mujeres siempre como principales víctimas. Este libro es pues la historia de una heroína que, además de ofrecernos su vida para que después de leída la nuestra ya no sea igual, nos da toda una lección de cuestiones de las que hoy seguimos sin aprender del todo. Y lo hace, a su vez, recuperando las voces de otras muchas heroínas silenciadas durante décadas.  Lecciones como la solidaridad, tan ligada a la práctica femenina del cuidado y la empatía (“una mujer aportó un abrigo azul; otra, unos zapatos de ante negro; otra, un bolso que conservaba desde Perpiñán”), el pacifismo tan inseparable de la experiencia de las mujeres (“comprendemos la lucha de los hombres por la libertad, pero preferimos la paz”), o como el sentido “republicano” de la patria que no puede ser otro que el de la tierra habitada en democracia. Todo ello hace que leer a Luisa Carnés, justo ahora en que nuestro país se tambalea en la cuerda siempre frágil de las identidades y los malabarismos políticos, sea no solo un ejercicio de gusto literario sino también de memoria y compromiso, es decir, de ética democrática.

PUBLICADO EN DIARIO PÚBLICO, 19-11-17:
http://blogs.publico.es/otrasmiradas/11629/luisa-carnes-el-exilio-en-femenino/

Comentarios

Entradas populares de este blog

CARTA A MI HIJO EN SU 15 CUMPLEAÑOS

De aquel día frío de noviembre recuerdo sobre todo las hojas amarillentas del gran árbol que daba justo a la ventana en la que por primera vez vi el sol  reflejándose en tus ojos muy abiertos.Siempre que paseo por allí miro hacia arriba y siento que justo en ese lugar, con esos colores de otoño, empezamos a escribir el guión que tú y yo seguimos empeñados en ver convertido en una gran película. Nunca nadie me advirtió de la dificultad de la aventura, ni por supuesto nadie me regaló un manual de instrucciones. Tuve que ir equivocándome una y otra vez, desde el primer biberón a la pequeña regañina por los deberes mal hechos, desde mi torpeza al peinar tu flequillo a mis dudas cuando no me reconozco como padre autoritario. Desde aquel 27 de noviembre, que siento tan cerca como el olor que desde aquel día impregnó toda nuestra casa, no he dejado de aprender, de escribir borradores y de romperlos luego en mil pedazos, de empezar de cero cada vez que la vida nos ponía frente a un nuevo desa…

YO, LA PEOR DEL MUNDO

"Aquí arriba se ha de anotar el día de mi muerte, mes y año. Suplico, por amor de Dios y de su Purísima Madre, a mis amadas hermanas las religiosas que son y en lo adelante fuesen, me encomienden a Dios, que he sido y soy la peor que ha habido. A todas pido perdón por amor de Dios y de su Madre. Yo, la peor del mundo: Juana Inés de la Cruz".

Mi interés por Juana Inés de la Cruz se despertó el 28 de agosto de 2004 cuando en el Museo Nacional de Colombia, en la ciudad de Bogotá, me deslumbró una exposición titulada "Monjas coronadas" en la que se narraba la vida  y costumbres de los conventos durante la época colonial. He seguido su rastro durante años hasta que al fin durante varias semanas he descubierto las miles de piezas de su puzzle en Las trampas de la fe de Octavio Paz. Una afirmación de éste, casi al final del libro, resume a la perfección el principal dilema que sufrió la escritora y pensadora del XVII: "Sor Juana había convertido la inferioridad que e…

PROSTITUCIÓN: La revuelta de los "pichis"

El que se sentó el sábado pasado en la segunda fila del Teatro Español para ver el último montaje de Andrés Lima es un hombre. Un tipo que, en aquellos años en que fue hetero, nunca fue de putas, pero sí que mantuvo el silencio cómplice con los colegas que lo hacían. Con aquellos que lo invitaron a una despedida de soltero en un prostíbulo de las afueras de su ciudad. Con los que habitualmente hacían bromas al contar sus batallitas sexuales y se llamaban entre ellos “hijo de puta”, como si fuera una especie de pasaporte que permitía entrar a formar parte de la fratría. El que fue sacudido por la oleada de emociones a las que Carmen Machi, Nathalie Poza y Carolina Yuste dotan de vida es un tío que, supongo que como todos, anda algo desnortado en estos tiempos del #MeToo y de reacción neomachista. El que escuchó el intenso debate entre Amelia Tiganus y Virginie Despentes, ese que cuando se plantea en la Universidad provoca iras y pancartas, es un padre que no se atrevería a afirmar que…