Ir al contenido principal

LA LA LA (TRUMP) LAND

En estos tiempos  de inseguridades, miedos y desigualdades crecientes, no debería extrañarnos que los espectadores busquen en las pantallas relatos capaces de ofrecerles bien una ilusión de comodidad y resguardo o, en su caso, una ensoñación que les permita escapar por un par de horas de su cruda realidad. Ante las dificultades de imaginar un futuro en el que las promesas de felicidad y bienestar superen las evidencias frustrantes del presente (el mito del progreso ha muerto), parece lógico que triunfen las miradas hacia el pasado, las relecturas  de lo que un día nos dió placer, la memoria de un tiempo en el que pareciera que todos éramos inocentes y que nos quedaba el universo por descubrir. Por todo ello, no me ha sorprendido que una película como La la la Land  se haya convertido en todo un fenómeno. Porque justamente lo que nos vende es esa ilusión, por otro lado tan propia de ese sentido ultimo de barraca de feria que también tiene el cine, de arrastrarnos por un cuento de música y colores en el que todo parece amortiguado para que apenas notemos el dolor que supone siempre decidir y lo duro que es asumir que la vida no siempre se pone del lado de nuestros deseos. Es por tanto la mejor película para traducir el estado de ánimo colectivo de la era Trump, en la que el neoliberalismo parece estar perdiendo parte de sus estrategias seductoras y está derivando en formas fascistoides y autoritarias, esas que durante un tiempo al menos ha procurado esconder bajo el antifaz de la libertad. Mientras tanto, las izquierdas andan desnortadas, incapaces de mirar el sur y sin encontrar voces y narrativas ilusionantes, bailando y cantando alrededor de sus ombligos.

LA LA LA LAND, a la que poco se le puede reprochar desde el punto de vista formal (salvo quizás un exceso de metraje que hace que su ritmo decaiga en la última media hora) , tiene la dulzura benevolente de un sucedáneo, el azúcar perdonable del chocolate con leche, las buenas intenciones del alumno o alumna aplicada que ha ensayado mil veces para que su número brille en la fiesta fin de curso. Eso sí, carece del aliento propio de aquellas obras cinematográficas que se instalan en la retina para siempre, como le falta a Enma Stone la gracia etérea de una Cyd Charisee o al insulso Ryan Gosling el dinamismo de Gene Kelly en sus mejores tiempos.



Es curioso como en una de las escenas presuntamente más emocionantes de la película,  Mia (Enma Stone) canta a los insensatos, a los intrépidos, a los valientes a los que se arriesgan, es decir, justo a todo aquello de lo que no pueden presumir los artífices de esta película que parece haber convencido tanto a público como a crítica. De hecho, es sorprendente ver estos días por las redes sociales cómo uno y otra usan un mismo lenguaje para describir el impacto que les ha provocado la cinta, todas y todos embriagados por el lirismo y sintiéndose parte de "the fools who dream". A mí, sin embargo, que ya tengo bien asumido que siempre he sido un bicho raro, la propuesta del director de la sugerente Whiplash me ha parecido más cercana a un anuncio alargado de champán que a un clásico del musical norteamericano. De hecho pienso que no estaría mal reciclarlo la próxima Navidad como anuncio de esa lotería que siempre nos recuerda la suerte que tenemos con estar sanos y salvos. Aunque sigamos siendo parte de esa inmensa mayoría que no es millonaria y aún cuando arrastremos el peso de las decisiones equivocadas que un día tomamos. El mercado, en todo caso, nos habrá dicho que somos libres para soñar lo que debemos soñar.

Publicado en THE HUFFINGTON POST, 18 de enero de 2017:
http://www.huffingtonpost.es/octavio-salazar/la-la-la-trump-land_b_14223256.html

Comentarios

Entradas populares de este blog

RAFAEL HERNANDO: EL HOMBRE QUE NO DEBERÍAMOS SER.

Siempre que en algunas jornadas se plantea el interrogante sobre lo que significan las “nuevas masculinidades” – un término que a mí al menos me genera el rechazo propio de las etiquetas que no transcienden lo políticamente correcto y que en este caso incluso pueden seguirle el juego al patriarcado -, me resulta muy complicado precisar en qué consiste ser un hombre “nuevo”. Resulta mucho más fácil, como en tantos otros debates complejos, especificar lo que en todo caso no debería formar parte de un nuevo entendimiento de la virilidad, despojada al fin de lastres machistas y dispuesta a transitar por senderos en los que sea posible la equivalencia de mujeres y hombres. En este sentido, resulta tremendamente didáctico usar referentes de la vida pública para señalar justamente lo que no debería ser un hombre del siglo XXI. Un territorio, el de la vida pública, que todavía hoy está  casi enteramente poblado por sujetos que visten cómodamente el traje de la “masculinidad hegemónica” y que …

CARTA A MI HIJO EN SU 15 CUMPLEAÑOS

De aquel día frío de noviembre recuerdo sobre todo las hojas amarillentas del gran árbol que daba justo a la ventana en la que por primera vez vi el sol  reflejándose en tus ojos muy abiertos.Siempre que paseo por allí miro hacia arriba y siento que justo en ese lugar, con esos colores de otoño, empezamos a escribir el guión que tú y yo seguimos empeñados en ver convertido en una gran película. Nunca nadie me advirtió de la dificultad de la aventura, ni por supuesto nadie me regaló un manual de instrucciones. Tuve que ir equivocándome una y otra vez, desde el primer biberón a la pequeña regañina por los deberes mal hechos, desde mi torpeza al peinar tu flequillo a mis dudas cuando no me reconozco como padre autoritario. Desde aquel 27 de noviembre, que siento tan cerca como el olor que desde aquel día impregnó toda nuestra casa, no he dejado de aprender, de escribir borradores y de romperlos luego en mil pedazos, de empezar de cero cada vez que la vida nos ponía frente a un nuevo desa…

50 PRIMAVERAS: CUANDO "YA NO ERES UNA MUJER".

Como  Aurore le comenta a su hija adolescente en una de las escenas de la película, cuando a una chica le llega la regla se le dice "ya eres una mujer". ¿Y qué ocurre cuándo la regla se va? En este diálogo se resume a la perfección lo que 50 primaveras nos plantea con un tono de comedia simpática y desenfada: la invisibilidad de las mujeres cuando rebasan una cierta edad, las mayores dificultades que la sociedad les plantea para poder rehacer sus vidas o inventarse proyectos nuevos, la evidente discriminación que por razón de los años se suma a la de género y a la de otras muchas circunstancias que hacen que ellas lo sigan teniendo más complicado que nosotros  (en una escena incluso se explica de manera muy didáctica qué es eso de la discriminación interseccional). Entre otras cosas, porque para nosotros los años no acaban siendo un lastre similar sino que incluso se convierten en una garantía de prestigio, atractivo y poder. De ahí que, como también se pone en solfa en la c…