Ir al contenido principal

ORACIÓN AGNÓSTICA DESDE EL SUR

Como cada año el milagro se repite. El ciclo de la vida, las estaciones que se renuevan, la muerte sí, pero sobre todo la vida, mucha vida. La consagración de la primavera. El ritual colectivo que  escapa a la razón que algunos pretenden todopoderosa, olvidándose de que sin emoción aquélla es como un pozo seco. De ahí las dificultades con que  se enfrentan quienes pretenden someter la semana santa al escrutinio parcial de su mirada racionalista. Porque si por algo se caracteriza la celebración más gozosamente identitaria de este Sur es por la pluralidad, por la diversidad de maneras de vivirla y sentirla, por la imposibilidad de someterla a rígidos cánones. No en vano quienes insisten en censurarla acaban siendo normalmente más doctrinarios que el fenómeno al que suelen atacar por confesional y retrógrado.

Yo prefiero quedarme con la semana de los olores y las músicas, con la romántica y no con la de la Contrarreforma, con la gente que se hace calle y no con los sermones que nos lanzan en el patio de los Naranjos, con el estallido de la ciudad y no con los báculos que portan los jerarcas. Con las vírgenes diosas que lloran y enamoran, con los mitos que me llevan al bosque de la infancia y con la promesa de un domingo de resurrección. Sabiendo que la única resurrección posible es la de los deseos hechos carne y alma cada día, porque nacemos para morir y debería ser un derecho gozar sin límites de la vida. Esa es la única oración que me atrevo a hacer desde mi corazón agnóstico en este ejercicio politeísta y contra las tinieblas que es la semana santa del Sur. Ese que ya debería estar harto de salvadores y que, sin embargo, sigue mirando al cielo cada primavera buscando las respuestas que los púlpitos, religiosos o civiles, no le saben dar.

Columna Hoy por Hoy, Radio Córdoba, Cadena Ser, 2 de abril de 2015




Comentarios

Entradas populares de este blog

RAFAEL HERNANDO: EL HOMBRE QUE NO DEBERÍAMOS SER.

Siempre que en algunas jornadas se plantea el interrogante sobre lo que significan las “nuevas masculinidades” – un término que a mí al menos me genera el rechazo propio de las etiquetas que no transcienden lo políticamente correcto y que en este caso incluso pueden seguirle el juego al patriarcado -, me resulta muy complicado precisar en qué consiste ser un hombre “nuevo”. Resulta mucho más fácil, como en tantos otros debates complejos, especificar lo que en todo caso no debería formar parte de un nuevo entendimiento de la virilidad, despojada al fin de lastres machistas y dispuesta a transitar por senderos en los que sea posible la equivalencia de mujeres y hombres. En este sentido, resulta tremendamente didáctico usar referentes de la vida pública para señalar justamente lo que no debería ser un hombre del siglo XXI. Un territorio, el de la vida pública, que todavía hoy está  casi enteramente poblado por sujetos que visten cómodamente el traje de la “masculinidad hegemónica” y que …

50 PRIMAVERAS: CUANDO "YA NO ERES UNA MUJER".

Como  Aurore le comenta a su hija adolescente en una de las escenas de la película, cuando a una chica le llega la regla se le dice "ya eres una mujer". ¿Y qué ocurre cuándo la regla se va? En este diálogo se resume a la perfección lo que 50 primaveras nos plantea con un tono de comedia simpática y desenfada: la invisibilidad de las mujeres cuando rebasan una cierta edad, las mayores dificultades que la sociedad les plantea para poder rehacer sus vidas o inventarse proyectos nuevos, la evidente discriminación que por razón de los años se suma a la de género y a la de otras muchas circunstancias que hacen que ellas lo sigan teniendo más complicado que nosotros  (en una escena incluso se explica de manera muy didáctica qué es eso de la discriminación interseccional). Entre otras cosas, porque para nosotros los años no acaban siendo un lastre similar sino que incluso se convierten en una garantía de prestigio, atractivo y poder. De ahí que, como también se pone en solfa en la c…

MARIE CURIE: Las más inteligente entre los hombres

Siempre que hago la pregunta entre mi alumnado de cuántas mujeres científicas conocen, como mucho me responden que a Marie Curie. Sucede igual cuando les pregunto por filósofas, ensayistas o incluso escritoras: es milagroso que conozcan más de una. Esta simple prueba nos demuestra cómo ellas continúan siendo invisibles en una historia escrita por los hombres y en una educación que sigue teniendo, me temo, una mirada radicalmente androcéntrica. Las mujeres siguen sin "estar", lo cual tiene, entre otras terribles consecuencias, que las más jóvenes carecen de referentes. Es decir, para que ellas sepan en lo que pueden convertirse necesitan también ejemplos que les marquen el camino. Algo que a nosotros, los chicos, no nos pasa, ya que de entrada tenemos referentes a los que seguir en todos los campos y muy especialmente en aquellos que suponen ejercicio de poder y autoridad.
Por todo ello tenía tantas ganas de ver la reciente película que una directora alemana Marie Noëlle ha re…