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CARTA A ISABEL AMBROSIO

Las fronteras indecisas
Diario Córdoba, 27-10-2014

Estimada Isabel, permítame que comience alabando la valentía que supone lanzarse a la arena municipal en un momento en el que los partidos políticos tradicionales, y muy especialmente el PSOE, se hallan heridos de muerte. Una situación que se me antoja especialmente crítica en una ciudad en la que los socialistas han sido incapaces de generar un proyecto ilusionante y se han ido hundiendo en el pozo de sus propias miserias.
Es ardua la tarea que le espera si quiere convencernos de que su partido tiene un modelo de ciudad distinto al que sufrimos y, además, es capaz de ponerlo en pie con unas maneras de gestionar lo público que se distingan de las que se han instalado en las instituciones.
En esta ciudad de silencios y complicidades por omisión, necesitamos un revulsivo político que nos aleje de la Edad Media en la que en muchos aspectos parece que vivimos y nos acerque a un siglo XXI en el que ya no sirven las viejas palabras. Es el momento de recuperar el valor de las ideologías, y en particular de la fuerza transformadora de la izquierda que ahora, más que nunca, necesitamos para superar los miedos y las actitudes reaccionarias que nos rodean.
Me gustaría que usted fuera capaz de liberar las instituciones locales, y por supuesto a las gentes que las ocupan, de las dependencias que las convierten en estériles y de las sumisiones a poderes fácticos que nos recuerdan que aún la transición parece no haber concluido en este país. En lugar de esconder la mierda bajo la alfombra, deberíamos airear las habitaciones y sacar del armario todos los fantasmas que también su partido contribuyó a alimentar en su día.
En una ciudad como ésta, en la que el rector de su Universidad dice no tener ideología pero a renglón seguido acepta someter la ciencia al nihil obstat eclesiástico, hacen falta mujeres y hombres que conjuguen los verbos en tiempos que nos reconcilien con el presente. Hombres y mujeres que, además, entiendan la política como un servicio público y no como una profesión. Por ello espero que sepa rodearse de los y las mejores, y sobre todo que no lo haga de quienes sirven como súbditos más al partido que les da de comer que a las convicciones que deberían exigirle rectitud y coherencia. Es decir, espero que haga un equipo en el que los listillos y avispados no sean bien recibidos y en el que predominen los cívicos e inteligentes.
En este momento de tanta desconfianza ciudadana hacia lo público, y de emergencia ilusionante de otras formas de entender la política, tendrá usted muy difícil recuperar la ilusión de un vecindario que ha asistido entre incrédulo e indignado a las permanentes traiciones de su formación, a las actuaciones lamentables de mucho representante mediocre o al olvido frecuente del que debería ser el principal objetivo de la izquierda, es decir, la lucha por la igualdad y la remoción de los obstáculos que hacen imposible la justicia social.
Confío en que su mirada sagaz, que intuyo es más profunda que sus habituales buenos modos y sonrisa, le permita esquivar a aquellos y aquellas que también desde su partido han contribuido a que Córdoba sea una ciudad conservadora y anestesiada, al tiempo que trabaja en la seducción de un vecindario con propuestas que combatan el desencanto y que sepan aprovechar el ímpetu de tantas gentes que aquí malgastan su talento. Si no es capaz como mínimo de esbozar ese proyecto, mucho me temo que tendremos PP para rato, al tiempo que crecen iniciativas ciudadanas que usted haría bien en escuchar desde ya.
De momento, y perdóneme el atrevimiento de la comparación, usted es para mí como el grandioso edificio del antiguo C4. Ese del que nadie sabe bien como se llenará de contenidos y que por el momento no es más que una oda grandilocuente al vacío de la posmodernidad.

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